El Apertura 2026 arrancó con una sensación extraña. Apenas unos días antes todavía estábamos hablando de la final del Mundial, de España levantando la Copa, de las polémicas arbitrales, de las teorías de conspiración y de un país que vivió durante semanas alrededor del futbol.
Sin tiempo para digerir el torneo más importante del planeta, la Liga MX volvió a escena casi de inmediato. Fue un inicio precoz, obligado por el calendario, pero también incómodo para una competición que inevitablemente quedó bajo la enorme sombra mundialista.
Este torneo comienza con un equipo que luce un escalón por encima del resto: el Cruz Azul. No es únicamente el plantel, que de por sí impone. Es el funcionamiento, la inercia y, sobre todo, la mística que ha construido un club que hace tiempo dejó atrás los fantasmas que lo perseguían. Hoy juega con la seguridad de quien sabe a lo que juega y de quien se siente campeón.
Detrás aparece un grupo de perseguidores con argumentos, aunque todavía con dudas. El Toluca mantiene una base competitiva; los Tigres siempre terminan encontrando la forma de pelear, mientras el Monterrey tiene plantel para aspirar a todo de la mano de Matías Almeyda.
Y luego está el América.Cuesta recordar un inicio de torneo en el que transmitiera menos sensación de poder el club capitalino. No porque haya dejado de ser un grande, sino porque da la impresión de que este semestre fue el costo natural de haber apostado casi todos sus recursos al Mundial. Para Emilio Azcárraga y Televisa la exposición internacional, la producción televisiva y el escaparate global eran la prioridad. El torneo local, inevitablemente, quedó en un segundo plano. Eso no significa que el América esté descartado, pero sí luce menos intimidante que en campeonatos recientes.
El Puebla por su parte será un hueso durísimo para cualquiera. No tiene la nómina de los gigantes ni el presupuesto para competir en ese terreno, pero transmite otra cosa. Orden, compromiso y una identidad que poco a poco comienza a reflejar la mano de Gerardo Espinoza. Estos Camoteros se ven bien trabajados, incómodos para el rival y convencidos de su idea.
Falta prácticamente todo el campeonato y las conclusiones definitivas serían una imprudencia, empero, la victoria en Ciudad Juárez ante los Bravos jugando prácticamente todo el segundo tiempo con uno menos, y el performance en el estadio Azteca ante el campeón, dan visos de tiempos mejores para un club que tiene la vara muy baja luego de dos años de pesadilla.
También será un torneo que pondrá a prueba la capacidad de recuperación de los futbolistas que participaron en el Mundial. El calendario comprimido dejó muy poco margen para descansar, realizar una pretemporada completa o incorporar refuerzos.
Quizá el Apertura 2026 no premie al plantel con más figuras, sino al que encuentre antes su ritmo y sostenga una regularidad.