Política

La noche en que Guadalajara miró al cielo

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Hay noches que se recuerdan por lo que ocurre sobre el escenario. Y hay noches que se recuerdan por lo que ocurre después. La del martes en el Coliseo GNP pertenece a la segunda categoría.

Michael Bublé había cantado ya sus baladas, había coqueteado con el público, había hecho lo que sabe hacer: convertir un estadio en una sala de estar. Pero faltaba el cierre. Y el cierre llegó con el cielo tapatío incendiándose en colores.

Los fuegos artificiales no son un recurso nuevo en los conciertos de gran formato. Pero hay algo distinto cuando se lanzan sobre un recinto que acaba de nacer. El Coliseo GNP, ese antiguo Estadio 3 de Marzo que durante décadas fue casa del futbol universitario y sede mundialista en el 86, fue remodelado para convertirse en otra cosa: un espacio para el espectáculo, para la música, para las multitudes que no caben en un foro tradicional . Y la noche del martes, ese espacio nuevo se estrenó con un canadiense de voz aterciopelada y una traca final que hizo levantar la vista a propios y extraños.

La elección de Bublé como padrino del recinto no fue casual. Rod Stewart, el padrino original, canceló a última hora por una cirugía cardíaca . La organización necesitaba a alguien que pudiera llenar 30 mil butacas con la misma facilidad con la que canta “Feeling Good”. Bublé cumplió. Pero lo que nadie anticipó fue el gesto final: esa explosión de luz y sonido que, más que cerrar un concierto, parecía inaugurar algo. El estruendo se escuchó en colonias vecinas. La pólvora iluminó por unos segundos las gradas nuevas, las pantallas perimetrales, la plaza rampeada que ahora rodea el inmueble . Y el público, que había llegado desde Colima, desde Morelia, desde Tepic —como anticipó el gobernador Pablo Lemus al presentar el proyecto—, entendió que no estaba solo en un concierto . Estaba en el estreno de una apuesta.

Guadalajara lleva años intentando posicionarse como destino de giras internacionales. Tiene la infraestructura hotelera, tiene los restaurantes, tiene el Aeropuerto Internacional de Guadalajara conectando con Madrid. Lo que le faltaba, quizá, era un recinto con la versatilidad del nuevo Coliseo GNP. La remodelación no solo agrandó el espacio: lo reconfiguró para que el escenario se monte y desmonte con rapidez, para que la cancha ya no sea sagrada, para que la música pueda ocupar el centro sin pedir permiso . En ese sentido, los fuegos artificiales del martes fueron un mensaje: este lugar está listo. Para lo que venga.

Bublé se despidió entre aplausos y la pólvora se disipó en el aire de septiembre. Quedará en la memoria de quienes estuvimos ahí la imagen de ese cielo teñido de colores sobre un recinto que dejó de ser estadio para convertirse en otra cosa. Los fuegos artificiales son, al final, un gesto de vanidad. Pero también son una promesa. Guadalajara acaba de encender la mecha. Lo que siga, dependerá de todos.


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Daniela Nuño
  • Daniela Nuño
Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO, S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.
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