Política

Cuando la realidad supera a la ficción

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Si esta historia fuera cine, tendría un título fácil: "El Reclutador". Pero en el cine, al menos, sabes quién es el héroe y quién es el villano. En el cine, la banda sonora te advierte del peligro que se acerca. En el cine, los planos cerrados te muestran el miedo en los ojos antes de que ocurra la tragedia.

Pero esto no es cine.

Esto es Jalisco. Esto es la historia de un niño de catorce años que un día salió de su casa y el mundo se lo tragó sin dejar rastro.

Hay momentos en los que la vida supera a la ficción. Pero no por espectacular, sino por cruel. Porque la ficción tiene reglas. La realidad no. La realidad no pide permiso para destrozarte. No avisa. No se va a negros para que puedas respirar.

Marta Leticia Bonilla llegó a su cita con las autoridades como cualquier madre angustiada: con el corazón en la mano, con las uñas clavadas en la palma, con la esperanza hecha jirones pero aún allí, latiendo. Buscaba respuestas sobre su hijo David Emiliano, de 14 años, desaparecido desde el 14 de junio. 14 años. La edad en la que los sueños todavía pesan más que las cicatrices. La edad en la que el futuro debería ser un lienzo en blanco, no una fosa común.

Lo que no esperaba era que le dieran una versión que le rompió el alma por segunda vez. Que le dieran una versión que convirtió su dolor en indignación. Le advirtieron que una línea de investigación es que su hijo no sería una víctima más del reclutamiento criminal, sino un presunto reclutador.

Un adolescente de secundaria. Con problemas de salud, según su madre. Estudiante de la Mixta 15 José Vasconcelos. Un niño que todavía pide permiso para ir al baño, que tartamudea cuando le gusta una chica, que no sabe qué carrera estudiar. Ese niño, ahora es señalado como presunta parte activa del problema. Como si un chamaco de catorce años pudiera ser el villano de esta película.

Marta Leticia, con la voz entre el llanto y la rabia —esa mezcla que solo conocen las madres que han visto el abismo—, lo dijo claro: "Mi hijo no es ningún malviviente". Y señaló con nombre y apodo a quien, asegura, se lo llevó: "El Güero", un excompañero de la secundaria que, según su testimonio, anda en “malos pasos”. Como una escena de un narco-corrido, pero sin la música. Sin la épica. Solo el ruido sordo de una madre señalando al monstruo con el dedo tembloroso.

La madre no pide nada extraordinario. Pide lo mínimo. Pide que investiguen y no estigmaticen a su hijo. Que no sea esta una salida fácil para no perseguir a los responsables. Porque si algo duele más que una desaparición, es que te digan que tu hijo no merece ser buscado, sino juzgado. Que te digan que tu niño, tu sangre, tu vida, no es una víctima. Que es parte del problema. Que su ausencia no es un crimen, sino una elección.

En Jalisco, los adolescentes de secundaria siguen siendo codiciados por el crimen organizado. No es un asunto de ficción. Es lo que ocurre hoy en la Zona Metropolitana de Guadalajara. Las escuelas se han convertido en zonas de riesgo. Los pasillos, en territorios en disputa. Los recreos, en reclutamiento. Los jóvenes, en moneda de cambio. Y las madres, en investigadoras particulares que, como Marta Leticia, terminan amenazando con hacer público el rostro del presunto responsable.

Las autoridades tienen la oportunidad de demostrar que su línea de investigación tiene sustento. Pero también tiene la responsabilidad de no revictimizar a quien ya está sufriendo. Porque un niño desaparecido no es un sospechoso. Es solo un niño desaparecido. Y merece que lo busquen.


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Daniela Nuño
  • Daniela Nuño
Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO, S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.
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