Política

Día Internacional de la Preservación de la Capa de Ozono: Acción global por un planeta más fresco

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La capa de ozono es uno de los sistemas de protección más importantes del planeta. Actúa como un escudo natural frente a la radiación ultravioleta proveniente del Sol, evitando daños a la salud humana y a los ecosistemas. Sin ella, el mundo tal como lo conocemos simplemente no existiría. En las últimas cuatro décadas, los avances tecnológicos han permitido convertir lo que parecía una crisis ambiental irreversible en uno de los ejemplos más exitosos de cooperación internacional y acción colectiva; sin embargo, el desafío persiste.

El Día Internacional de la Preservación de la Capa de Ozono, que este año lleva por tema "Acción global por un planeta más fresco", destaca un desafío climático decisivo. A medida que aumentan las temperaturas y el calor extremo se vuelve más común, el acceso a una refrigeración eficiente salva vidas. Por tanto, debemos satisfacer esa necesidad de manera justa y sostenible.

Para entender cómo llegamos a esta encrucijada, es necesario retroceder a mediados del siglo XX, cuando el desarrollo tecnológico ofrecía una solución ideal para la refrigeración, el aire acondicionado y otras aplicaciones. Los clorofluorocarbonos (CFC) parecían la respuesta perfecta, pues no eran tóxicos ni inflamables, pero su estabilidad les permitía permanecer durante largos periodos en la atmósfera. Con el tiempo, la evidencia científica demostró que estas sustancias contribuían al agotamiento de la capa de ozono.

Las investigaciones desarrolladas durante las décadas de 1970 y 1980, entre las que destacan las contribuciones del científico mexicano y premio Nobel, Mario Molina, encendieron las alarmas, permitieron comprender la magnitud del problema y construyeron los consensos necesarios en la comunidad internacional para actuar. Así nace el Protocolo de Montreal, que entró en vigor en 1989 con el objetivo de eliminar las sustancias responsables del deterioro de la capa de ozono.

Treinta y siete años después, los resultados muestran el valor de las decisiones basadas en evidencia. Ha sido un camino extenso: los CFC que destruían la capa de ozono dieron paso a los HCFC; estos, a su vez, fueron reemplazados por los HFC, que eliminaron el impacto sobre la capa de ozono, pero mantienen una contribución considerable al cambio climático. Hoy, una nueva transición está en marcha con la adopción de refrigerantes naturales o de bajo potencial de calentamiento global. Como resultado, a nivel mundial, casi el 100% de las sustancias controladas que destruían la capa de ozono se han eliminado.

Este logro histórico no habría sido posible sin el andamiaje multilateral que lo sostiene. En este esfuerzo, el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) ha acompañado a los países desde principios de la década de 1990 como agencia implementadora del Fondo Multilateral para la Implementación del Protocolo de Montreal, apoyando la eliminación de sustancias agotadoras de la capa de ozono y facilitando la transición hacia tecnologías más sostenibles. En México, esta colaboración ha contribuido a la reconversión de diversos sectores industriales y al fortalecimiento de las capacidades nacionales para cumplir con los compromisos internacionales.

Asimismo, con la adopción de la Enmienda de Kigali en 2016, el trabajo conjunto se ha ampliado hacia la reducción gradual de los hidrofluorocarbonos (HFC), sustancias ampliamente utilizadas en diversos sectores, incluso en aquellos tan cotidianos como la industria de espumas de poliuretano, presente en productos que van desde refrigeradores y equipos de aire acondicionado, hasta las suelas de zapatos. A su vez, con el aumento de la temperatura a nivel mundial, el sector de enfriamiento se convierte en una bomba de tiempo; los aires acondicionados basados en HFC, que, aunado al uso doméstico, ahora son requeridos para la creciente demanda de centros de datos impulsados por la inteligencia artificial y las cadenas de frío, indispensables para la conservación de alimentos y medicamentos.

Ante esta nueva presión tecnológica y ambiental, la colaboración entre el gobierno de México, el sector privado y organismos internacionales resulta fundamental. Debemos probar que invertir en tecnologías limpias es la mejor forma de anticiparnos a un planeta que va a necesitar cada vez más soluciones de refrigeración. La historia del Protocolo de Montreal enseña que cuando la ciencia, la viabilidad financiera y la cooperación convergen, no solo avanzamos hacia una refrigeración sostenible, sino que construimos un desarrollo que protege a las personas y al planeta, asegurando el futuro de las siguientes generaciones.


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Daniel Vargas
  • Daniel Vargas
  • Representante residente adjunto del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo en México.
Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO, S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.
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