Fue miércoles por la tarde, 3 de julio, el cielo estaba nublado y partiste de este mundo. Ese día de verano no nació la leyenda, tú ya lo eras: el gran Perro Aguayo.
Tenías 73 años y no alcanzaste a romper, en la tercera palmada, el toque de espaldas en el que la muerte de atrapó.
Quizá sabías que llegarías a un mejor lugar, la Arena Celestial, a reencontrarte con tu hijo. Y ahora está con él.
Partiste de este mundo dejando un hueco enorme en la lucha libre mexicana, pero nos quedan tus recuerdos.
Cómo olvidar tus entradas al ring con la marcha de Zacatecas de fondo, con tu sombrero de charro, chaleco afelpado, tus calzoncillos blancos, tus botas peludas y esa sonrisa en la que proyectabas confianza.
Tu nombre era Pedro Aguayo Damián pero un error de programación en el cartel te cambió el Pedro por Perro. Y así te conocimos todos, como el Perro Aguayo.
Pero no solo tu nombre era distinto, también tu estilo, eras toda entrega y pundonor sobre el cuadrilátero, tus patadas de canguro, tu silla zacatecana y la lanza fueron tu sello personal.
No fuiste ningún improvisado porque tenías conocimientos y tu maestro, Cuauhtémoc “el Diablo” Velasco, dio cuenta de ello.
Dicen que para ser un buen luchador hay que saber el estilo técnico y el rudo. Y tú estuviste en ambas esquinas.
Tus victorias y derrotas no solo fueron dentro de los cuadriláteros, las llevabas contigo, a diario, en todo momento, en tu frente.
Una frente marcada por los golpes, las mordidas, los sillazos, por la sangre que derramaste sobre el enlonado al llevarte el triunfo con los brazos en alto o la derrota a cuestas.
El camino no fue fácil pero tú, el can de Nochistlán, conquistaste los tres escenarios más importantes de nuestro país: el Toreo de Cuatro Caminos, la Empresa Mexicana de Lucha Libre y la Triple A.
Y si lo hiciste fue por tu calidad, por tu entrega, tu fiereza, por ese carisma con el que te ganaste el cariño de los aficionados. Siempre con tu cabellera larga.
El Villano III, Sangre Chicana, Máscara Año 2000, Cien Caras, Universo 2000, Konan y el Santo, tus grandes rivales.
Fuiste varias veces campeón. En la Empresa Mexicana de Lucha Libre desenmascaraste a Konan, en Triple A destapaste a Máscara Año 2000. En tu haber está la máscara de Stuka. Perdiste la cabellera contra el Santo, pero fue ante uno de los grandes. Tú le diste el último adiós sobre el ring.
Siempre luchaste solo, pero en el momento en el que necesitaste de una pareja ahí estuvo Fishman. Ambos fueron el azote de sus rivales.
Tu retiro vino tras un martillo negro de Universo 2000, pero regresaste por tus fueros junto a tu hijo para rapar a Cien Caras y Máscara Año 2000.
Quedó constancia de tu calidad como ser humano en este mundo. Fuiste estrella, figura, ídolo de la lucha libre. Y por siempre leyenda.
Adiós querido Perro Aguayo.
cuachara_luchagor@hotmail.com