“La libertad de expresión está bajo asedio en México”. Contundente frase que, lamentablemente, es cierta. Esta primera sentencia abre un breve pero sustancial manifiesto que suscribieron varios cientos de periodistas, intelectuales y personajes de la vida pública en México y que circularon esta semana.
Su publicación en redes sociales desató oleadas de descalificaciones de quienes –paradójicamente– dicen que eso es falso, que ahora hay más libertad y que lo que añoran los “abajofirmantes” es “el chayote” o dádiva gubernamental que “antes recibían”. Niegan lo que ellos están confirmando con su rechazo radical y hasta ofensivo.
Al desplegado titulado “En Defensa de la Libertad de Expresión” no le falta razón. Hasta hace unos meses el discurso radical era solo de bots y trolles en las redes sociales, pero al poco tiempo se descaró y salió del armario y está instalado en el pódium palaciego principal.
Lo que creyeron que era solo un “hablar franco”, “directo” de Andrés Manuel López Obrador y que no había de qué asustarse, deben ver ahora que ese discurso está teniendo peligrosas repercusiones: un solo señalamiento presidencial, sin fundamento, desata una jauría contra los adversarios, sean bots, sea la Fiscalía, sea la Unidad de Inteligencia Financiera, sea la Secretaría o subsecretaría cualquiera.
El mismo discurso de odio han adoptado cada vez más los mini émulos del aprendiz de dictador: desde el Subsecretario de Salud Hugo López Gatell hasta el “gachupín” director del Fondo de Cultura Económica que quiere expulsar a mexicanos de México.
No es cosa menor. La libertad de expresión es la primera de todas las que tiene el ser humano en sociedad. Disentir del poderoso no es atacarlo, no es complotar contra él, pero eso no se entiende ni cabe en la primera cabecita blanca del país.
El odio y el rencor acumulados están desbordados y ahora irrigan los cráneos huecos de los aplaudidores gratuitos del régimen que, por poder atacar a ciudadanos que piensan distintos a ellos –no al poder–, niegan tal riesgo.
Tiempos oscuros se ciernen sobre México si no actúa la sociedad en defensa de lo que ya se daba por descontado, por evitar una regresión histórica que podría ser violenta. México, perdónanos, aquí vamos de nuevo.
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