Cultura

Alejandro Ariceaga

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  • Celeste Ramírez

Este 21 de mayo se conmemora el natalicio del escritor Alejandro Ariceaga, figura que, por su dinámica promoción de la cultura, sus buenos oficios literarios y su quehacer periodístico es, sin duda, una de las más profundas ausencias de la intelectualidad local.

El constante asombro de Alejandro ante su provincia fue una de sus grandezas literarias y un alimento para su espíritu. A Toluca le escribió, la homenajeó y la embelleció literariamente. La capital con sus calles quedó incrustada en sus relatos, en esos vibrantes cuentos, muchos de ellos autobiográficos, que condensan su aporte a las letras nacionales. Con un estilo propio y calidad de pluma abordó el movimiento literario de “la onda”. En sus obras se plantó como un minucioso narrador, un tejedor de palabra con gancho fino, evocativo y detractor de los “popis”.

El Centro Toluqueño de Escritores (1983) es hechura de Alejandro, concebido como semillero para la creación y la publicación de obra literaria novel. Al inicio de la década de los ochenta fundó Vitral, el primer suplemento de cultura en Toluca, que dirigió durante nueve años.

Se hizo presente en las páginas de varios medios nacionales y locales con sus columnas de cultura; como sello, para despedirse lacró la inconfundible la frase: “Saludos a los niños”.

Se le veía podía ver en las calles de Toluca, frente a una taza y un cigarrillo en el café Biarritz con sus disertaciones literarias o en las reuniones de TunAstral.

Organizó incontables tertulias literarias cuando fue jefe del departamento de Literatura del Instituto Mexiquense de Cultura. Confiaba en la juventud y la impulsaba. Recuerdo una mesa sobre periodismo cultural en el Museo de la Acuarela –edificio “El Gallito”-, en la que invitó a las reporteras de la fuente, junto con él compartimos micrófonos con Maru Quintos, entonces comunicadora del IMC.

Recuerdo haberlo visto por última vez en el Centro Cultural Mexiquense. Platicamos sentados en las escalinatas del Archivo Histórico. Viajaba a Barcelona para presentar su entonces reciente novela Camada Maldita.

A las redacciones de los periódicos locales —aquel terrible mes de septiembre del 2004— llegó como ola de tristeza la noticia de su muerte; resonaba en el ánimo uno de los versos de Miguel Hernández que popularizó Serrat: “Murió el poeta lejos del hogar”.

En el aniversario de su natalicio, celebremos la vida, obra y trabajo literario de Ariceaga.

Te recordamos, Mick Jagger toluqueño.

Besitos a los niños.

Celeste Ramírez


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Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO, S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.
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