Es una emoción que tenemos todos los seres humanos; conforme crecemos nos acompaña en cada acto de nuestra vida. La adquirimos con la formación de nuestra familia y en el entorno social que nos toca vivir. Esta propicia en las personas sentimientos que invitan a la reflexión sobre la conducta y el reconocimiento de los errores cometidos, y en su caso, a la recuperación de la congruencia entre lo que pensamos, sentimos y hacemos.
La vergüenza es la capacidad del ser humano para reconocer sus actos, asumir la responsabilidad de ellos y tomar conciencia de cómo estos pueden afectar a los demás y a nosotros mismos. Conforme vamos creciendo y exponiéndonos a variables que se presentan a través de la vida, en algunas personas su significado se va deslavando hasta ausentarse de la forma de pensar, y sobre todo en el modo de actuar.
Cabe recordar que existen dos tipos de vergüenza que experimentamos los seres humanos, y debemos distinguir entre el sentimiento que nos provocan: la que contribuye a nuestro crecimiento o la que destruye nuestra autoestima.
Recordemos aquella que propicia el crecimiento de las personas, por ejemplo cuando nace de la conciencia de haber actuado en contra de nuestros principios y nos convoca a la rectificación, es la que nos dice que el acto realizado no corresponde con aquellos valores con los que fuimos criados por nuestros padres o la gente cercana en nuestro crecimiento. Aquella que nos permite reconocer errores, ofrecer disculpas, mantener una conducta honesta y honrada frente a ciertas circunstancias que siempre tiene que ver con los demás. Esta vergüenza sólo se puede sentir frente a los iguales, en la escala de valores similares.
Por otra parte está la vergüenza destructiva, aquella que nos hace sentir indignos de cualquier deferencia o incluso derechos, experimentar la ausencia de valía frente a los demás y tener sentimientos de inferioridad por lo que somos o por lo que hacemos.
Para finalizar es importante subrayar que a partir de experimentar el sentimiento de la vergüenza, las personas podemos cultivar la humildad, la honestidad, la responsabilidad y el respeto por nuestra propia dignidad y la de los demás.
Frente a los últimos acontecimientos públicos en nuestro país, sería maravilloso que ciertos actores recuperaran la vergüenza frente a millones de mexicanos que lo que desean es vivir en un país donde prevalezca la decencia, frente a los actos de quienes han perdido la vergüenza de actuar con mezquindad y corrupción.