En la madrugada del miércoles nueve personas, seis hombres y tres mujeres fueron asesinadas al interior de una vivienda en Atlixco, Puebla, confirmaron autoridades locales. Además de los muertos, se reportó que un hombre fue encontrado con tres impactos de bala y fue trasladado al Hospital General de Atlixco.
Como suele suceder en estos tiempos, el gobernador solucionó cualquier misterio rápidamente: “Una zona de clase media, evidentemente por los datos que se tiene, el lugar donde fueron ejecutadas estas personas era un lugar de distribución y venta de droga… fue una ejecución entre bandas, personas que llegaron a Atlixco a cometer delitos del narcomenudeo y muchas otras cosas”.
Hace unos días otra masacre en Ciudad Serdán, ahí de cinco personas ejecutadas, también fue resuelta en pocas horas; dijo el gobernador: “Ya hay noticias de quiénes fueron, es un pleito entre bandas regionales de allá, sabemos quiénes fueron los asesinos y quiénes fueron los ejecutados…”.
El gobierno que todo lo sabe. Aunque poco resuelva. En el número de Nexos de este mes, Claudio Lomnitz publica un texto de necesaria lectura para estos tiempos. “Otra semana normal”, se titula, y en él resume una semana de violencia y barbaridades, la última de enero de este año. Masacres, asesinatos, tomas de comunidades enteras, denuncias de desapariciones, actos de barbarie presumidos por delincuentes en redes sociales…
Cada semana podríamos hacer horribles inventarios similares.
En cada pregunta mañanera sobre la violencia, el Presidente habla de sus reuniones a las seis de la mañana. Lomnitz lo comenta y, pienso, da en el clavo: “Su política ‘echaleganista’ se ha granjeado alguna buena voluntad, porque el chipichipi constante de nuestras pequeñas y medianas atrocidades ha agotado no solo a los medios, que no se dan abasto para darles cobertura o seguimiento, sino que ha atrofiado las glándulas de la indignación colectiva. La asistencia del gabinete y del Presidente a las reuniones diarias no conlleva a la pacificación del país, pero sí contribuye a la pacificación de las conciencias”.
Así, tenemos esta nueva normalidad y se enfrenta solo con palabras: fueron estos contra estos, aquellos contra los otros… se matan entre ellos… y nos vamos acostumbrando a que vivimos en este país, que cada vez parece menos el que quisiéramos que fuera.
Carlos Puig
@puigcarlos