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Lunes , 22.04.2019 / 04:14 Hoy

Duda razonable

La esclavitud mexicana de hoy

Carlos Puig

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Ayer escribí aquí una línea que causó algunas reacciones.

Sobre el nuevo esfuerzo para dignificar, por fin, a las trabajadoras del hogar, afirmé que a diferencia de la conversación de la comentocracia mexicana que ve con escepticismo lo que está sucediendo, expliqué que el problema no es el de la comentocracia, que vive en zonas urbanas, en las principales ciudades del país, sino en en ciudades medianas y pequeñas y en zonas rurales, donde el trabajo doméstico es una nueva esclavitud.

Ayer hablé con Juanita Cruz, hoy líder de Tzome Ixuk, una organización que trabaja por los derechos de las trabajadoras del hogar, contra la violencia entre las mujeres en Las Margaritas, Chiapas.

Juanita nació en una finca, trabajó gratis para los terratenientes de niña, a los 13 llegó a la cabecera municipal como trabajadora doméstica por 25 pesos al mes, a veces con descuentos si los patrones le compraban ropa. A los 18 se hartó. A los 19 fundó una cooperativa para dejar de depender de los patrones con otras trabajadoras, un molino, para hacer tortillas. Hoy encabeza un movimiento para dignificar a mujeres que hoy, sí, hoy, 2019, viven aún ahí, lo que ella vivió.

Le pregunté a Juanita si hay trabajadoras domésticas que hoy ganan 25 pesos por su trabajo.

“Solo los niños”, me contestó. Sí. Así me dijo.

Hoy en Las Margaritas, como pasa en poblaciones más grandes de Chiapas, la justificación de los patrones para no pagar a sus empleadas doméstica es: “caridad cristiana”. Techo y comida es suficiente.

De techo y comida me cuenta Juanita: un cuarto viejo lejos de la casa principal, a veces una bodega, y la comida… pues las sobras.

Juanita, después de muchos años de lucha y organización, me relata que algunas trabajadoras hoy ganan 2 mil pesos al mes, cuando la mayoría ganaba mil, otras, aún nada.

Cuando Juanita habla con los empleadores, algunos entienden, otros, los más, se enojan, porque, dice Juanita, “les estamos diciendo sus verdades”. Ella les repite el lema de la organización: “Todos somos seres humanos”.

Ayer escribí aquí que el piloto del IMSS para dignificar el trabajo del hogar remunerado necesita de tripulación comprometida.

¿Qué tal si empezamos en Las Margaritas? Porque esto era de primero los pobres, ¿o no?

@puigcarlos

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