Lo sabíamos por la acumulación de datos que el Banco de México, el Inegi, el IMSS, los centros de estudio de bancos y otras instituciones vienen publicando hace un buen rato. La economía mexicana anda mal. No crece, pierde inversiones, empleos, la informalidad se eleva, la inversión pública se desploma, la inflación no cede.
Pero si alguien —porque sí, siempre hay alguien— lo dudaba, basta revisar las acciones del gobierno de Claudia Sheinbaum durante los últimos días para que no quede una sola duda.
En el Museo de Antropología se anunciaron “acciones inmediatas para la inversión”; contenidas en un decreto que pretende limpiar de burocracia, trámites y obstáculos —muchos de ellos puestos por la propia 4T— los procesos para que la iniciativa privada nacional e internacional se decida a poner dinero en el país.
Facilidades para arrancar proyectos reduciendo trámites y agrupándolos en una ventanilla digital que facilita y acelera. Y hasta un nuevo arreglo con Estados Unidos respecto a la aviación en Ciudad de México que había limitado y amarrado a aerolíneas y empresas de paquetería.
Meses y años de un Servicio de Administración Tributaria feroz, que urgido de recaudar dinero porque el gobierno no tiene suficiente comienzan a modificarse. No solo por el nombramiento de alguien cercana a la Presidenta al frente de la recaudación de grandes empresas sino por una serie de reglas que amarran las manos quienes hace rato andaban sueltitos, cometiendo una serie de barbaridades legales.
Vaya, hasta un nuevo puesto en la Presidencia para desatorar todo lo que a los inversionistas se les complique en los procesos burocráticos. (creo que ese teléfono sonará bastante)
Esto ya no es una invitación con sonrisas, abrazos y compromisos que no se cumplen. Son acciones concretas frente a un presente y futuro complicado. Bien. Esperemos, ahora sí que por el bien de todos, las acciones anunciadas funcionen y algo de dinero llegue.
Ahora.
Este nuevo plan llega en el momento más complicado de la relación México-Estados Unidos en muchos años. Hoy no sabemos cuál será la resolución, más allá de discursos para envolverse en la bandera. Los empresarios son eso, empresarios. No me queda claro que les encante poner su dinero en un México peleado con su socio principal que, además, es quien es en estos momentos. De lo que suceda en las siguientes semanas dependerá que las buenas medidas anunciadas tengan el efecto buscado.