Una noción de la historia del héroe y sus batallas bastaría para ver el filme de Christopher Nolan, La Odisea. No es apta para quienes buscan literalidad: es para gente sensible a lo nuevo, con una fotografía capaz de reanimar a Goya, Caravaggio, Géricault, Turner, Collantes o Trautmann. Con un sonido innovador en la atronadora música de Göransson. Asistimos a un cine único en el arte de los sentidos. Exige del público percepción, no razonamientos para explicar lo que sabemos de dioses y seres como Ulises, Penélope, Telémaco, Helena, y lo que sigue.
En el guión hay claves para el sabor a venganza, los porqués de una guerra y la lucha constante por las rutas comerciales; el odio y el amor, la amistad y la hipocresía, la entrega fiel de Argos que contrasta con la traición de Antinoo. Los elementos universales de La Odisea de Homero, en Christopher Nolan son loas, imágenes rítmicas, oníricas, evocativas, aquellas donde el hombre recuerda la tragedia humana que busca en los dioses asideros que irremediablemente se topan con la realidad. Nolan no calca la historia conocida: brinda pistas contemporáneas de la horrenda repetición de los porqués de la destrucción. No hace falta ir al Hades para saber de qué estamos hechos.
Nolan le da una vuelta de tuerca al cine. Es como un viaje interior. Por muy sabiondos los especialistas en la obra clásica, parecen insensibles a la innovación realizada con IMAX. Por muy críticos de cine que se crean poco aportan al denostar lo que no alcanzan a notar: la enorme soledad de la pantalla y un espectador receptivo. Somos seres perdidos al negarnos a comprender que el guión es visual, auditivo, táctil, de cinco sentidos: como el acto de fe en Ulises para llegar a Ítaca, entregándose a la tormenta para que el mar lo lleve a puerto, sin razones. Es abrumadora la belleza y el horror con que Nolan pinta el agua amarga de la vida. Y sin embargo hay un aliento a la esperanza después de la masacre.
Para los puristas Nolan es un fiasco que se saltó las trancas de la literatura. Lógico: el cine es de otro modo para cantar la vida: es una Odisea kinésica, no ensayo ni academia. La he visto tres veces y es una epopeya por donde quiera que se mire.