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Domingo , 19.05.2019 / 15:48 Hoy

La contracolumna

A 20 años de mi retiro

Barak Fever

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Carezco de pruebas que lo avalen, pero debuté con Cruz Azul en la final de 1987. Para entonces ya había tenido algunos minutos de fogueo en el Mundial de México 86. Recuerdo nítidamente los penales del México - Alemania en el estudio de mi casa y algún flashazo de la gran final de la semana entrante, el Argentina Alemania: partido al que, por mi juventud, no fui convocado-.

Probablemente no fue mi primer partido, pero como somos lo que recordamos, sostengo que aquel Guadalajara-Cruz Azul a través de Imevisión en el Estadio Jalisco fue mi bautizo futbolero. Si hubiera sintonizado el partido en la tele del estudio donde había visto aquellos penales del Mundial pasado, a lo mejor mi niñez habría sido menos traumática. Desafortunadamente aquel domingo amanecí en la cama de mamá: el cuarto con la tele a colores.

Por entonces, a mis estúpidos 5 años (y aun a mis más estúpidos 37) mi predilección por aquel color que ocupa el quinto lugar en el espectro luminoso me llevó a apoyar al equipo visitante.

No aguanté demasiado, la verdad. Al poco rato me llevé mi pelota anaranjada al pasillo que conducía a la cocina/portería y ahí, mientras escuchaba la narración del primer, segundo y tercer gol de Chivas; jugué mi propia final, donde sí ganaba Cruz Azul.

Mi carrera como cruzazulino fue mediocre. Fui un aficionado entregado, los seguí de local en dos estadios, de visitante en las plazas no tan lejanas, me tragué mil eliminaciones y hasta quedé campeón en los últimos años de mi carrera, cuando ya estaba robando. Mi último partido, el de despedida, también fue en una final. Jugada hace 20 años contra el Pachuca. Cuando el gol de oro de Glaría, lejos de causarme dolor o por lo menos indiferencia, me provocó un placer que desde entonces experimento dos veces al año. O incluso más: cada vez que oigo al comentarista imbécil de en turno calcular que este torneo sí es el bueno para Cruz Azul.

El América, como ya ocurrió en aquella Liguilla con Paco Jémez, ni siquiera necesitó ser mejor para eliminarle. El guion, como si fuera de lucha libre, ya está establecido: Cruz Azul a perder y hacer reír, que es lo suyo.

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