Los árboles, misteriosos e increíbles sin importar su tamaño, tienen múltiples representaciones y aplicaciones a nuestra vida cotidiana.
Son el lugar oportuno para cubrirnos del sol, fuente de producción de alimento, hogar de múltiples especies animales y vegetales, material para construir muebles y hogares, materia para hacer fuego, referencia poética y significado para múltiples culturas desde el punto de vista tanto místico como religioso.
Los árboles son sabios mensajeros del tiempo como sucede con los ahuehuetes, árboles centenarios en el bosque de Chapultepec que nos recuerdan el valor que los aztecas le daban a la naturaleza.
A los árboles las diferentes culturas les atribuyen aspectos tan diversos como la inmortalidad, la justicia, el amor, la fecundidad, la paz.
La representación del árbol aparece desde la Edad de Piedra, y se le considera en diversas culturas como emblema, así lo apreciamos en las banderas de algunos países como Belice, Haití, Líbano, entre otros.
También las celebraciones de fin de año tenían en el centro a los árboles.
Los antiguos egipcios con una penca de palma con doce hojas realizaban una ceremonia haciendo una hoguera en honor al dios Thor.
Los celtas adornaban un árbol para celebrar el nacimiento de Frey dios del Sol y la Fertilidad.
El sentido cristiano del árbol de navidad lo impuso San Bonifacio en Alemania, quien como buen evangelizador, adaptó la tradición celta sustituyendo el roble por un pino, adornándolo con manzanas símbolo del pecado y velas que representaban la luz de Cristo.
Así fue que en Alemania en 1605 apareció adornado el primer árbol de navidad, pasando por el palacio de Windsor en Inglaterra en 1841 y difundiéndose por todo el mundo.
Ahora, en nuestros hogares, un árbol de navidad es motivo de convivencia familiar y refrendo de las tradiciones heredadas por nuestros abuelos y padres; sin embargo para que en el mes de diciembre podamos contar con un árbol alguien durante mucho tiempo se dedicó a cuidarlo y protegerlo para gozar de su esplendor durante la temporada.
Por esta razón, si nuestro huésped decembrino puede ser un árbol mexiquense, ayudaremos a los campesinos forestales al logro de una mayor sustentabilidad, estimulando el aprovechamiento ordenado del recurso forestal.
Al final de la temporada acudamos a centros de composta, para que ese árbol referente de emociones vuelva a dar vida.