Llegamos al inicio del último mes del año con mucho ánimo para cumplir los rituales de la época, entre ellos el tradicional nacimiento, que sea dicho de paso es cada vez menos frecuente, sin embargo, es interesante analizar los diversos elementos que se agregan a la representación de esta antigua tradición relacionados con las figuras de animales. El autor del primer nacimiento según referencias históricas fue San Francisco de Asís quien realizo un acto alusivo en el año 1223 en una gruta cercana al poblado de Greccio en Italia, lugar donde él vivía. Para acompañarlo incorporó al escenario a la fauna del lugar, una mula y un buey.
A partir de ese momento el gusto por esta representación fue creciendo, y llegó a nuestro país como parte de las enseñanzas de los evangelizadores. Graciela Romandia refiere que en el siglo XVIII los mercados eran un hervidero de formas colores y muchedumbres que venían a buscar las figuritas para adornar los nacimientos. En el año 1840 la escritora Madame Calderón de la Barca lo narra en su obra “La vida en México” describiéndolo como “una escena muy bonita con plataformas cubiertas de musgo y con figuras de cera con pasajes del nuevo testamento”.
Paulatinamente se suman al nacimiento representaciones de las diversas culturas, y animales y plantas sin relación geográfica como son elefantes, patos, perros, aves, camellos, gallinas etc. y desde luego incluyendo al buey y al burro, a este último con la recomendación del Papa Benedicto XVI. La intención es sumar la naturaleza al festejo del nacimiento de Jesús
Es curioso que al burro se le incluye tiempo después, pues su imagen no era muy buena se le consideraba un animal necio, voluntarioso e incluso su nombre se utilizaba como referencia de alguien poco iluminado o tonto.
Pero los atributos positivos de este incomprendido animal le colocan en el nacimiento, pues es medio de transporte, resistente, con buena memoria, es protector de otras manadas más pequeñas como cabras y ovejas y por si fuera poco tienen un efecto tranquilizador para los caballos por lo que lo incorporan entre ellos. Así que las percepciones y calificaciones están en todas partes, en consecuencia, si sumamos a la naturaleza al festejo por una nueva vida, hagámoslo cuidando al ambiente e incluyendo figuras que promuevan el valor de nuestro recurso natural más allá de su belleza o de nuestras creencias.
Arlette López Trujillo
FES Iztacala UNAM