Muchas veces me he preguntado qué es el tiempo. Qué representa para el señor que se sienta cada tarde en un tronco de su banqueta en Viesca; para una ginecóloga que ve una veintena de partos diarios; para el niño de cinco años que disfruta ir al parque; para el vendedor de elotes de la Alameda; o qué es el tiempo para mí.
Me resulta difícil ceñirme a definiciones fuera de rigores académicos; prefiero inventarlas, fluir sin ataduras.
Imagino que para los ojos de Nina, la hermosa perra chihuahueña de mi familia su tiempo es lineal, solo importa su momento. ¿Cómo transcurre mi tiempo bajo un fuego pirotécnico cuando me entero que el Santos ganó frente a mí? Diferente al que fluye bajo un sol candente mientras estoy de pie, firme, frente a un grupo de gente. Cada momento tiene pensamientos disímbolos, aunque en ambos permea la adrenalina, el deseo de ser y permanecer.
Son pensamientos disímbolos, aunque en ambos permea la adrenalina, el deseo de ser y permanecer.
Los segundos renacen para nuevas oportunidades, para saber qué poseer de la vida, si tomamos nuestro potencial para ser felices y compasivos o convertirnos en seres mezquinos y tóxicos el medio en el cual nos desenvolvemos. Mario Benedetti, en su poema “Tiempo sin tiempo,” escribió: “…preciso tiempo el necesario para/ chapotear unas horas en la vida/ y para investigar por qué estoy triste/ y acostumbrarme a mi esqueleto antiguo.” “…vale decir preciso/ sea necesito/ digamos hace falta/ tiempo sin tiempo.”
En este diario peregrinaje, el tiempo vertiginoso nos rebasa, se burla de nosotros y sin más un espejo travieso nos regresa una piel sin lozanía y un perfil abultado dentro de un atuendo clásico. Sin embargo, no todo está aprendido, el tiempo aguarda un poco más, vive agazapado, pero cada día lo sorprendemos antes del primer café, y él cree que lo olvidamos cuando empezamos a soñar dormidos.
Es solo decisión nuestra si dedicamos nuestro tiempo para pensamientos y acciones egoístas que no solo causan daño a nuestros seres cercanos, sino que nos impiden ejercer nuestra felicidad. Es quizá momento de concebir pensamientos más sabios y equilibrados para fomentar relaciones sanas.
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