Cuando hablamos del Centro de Guadalajara pensamos en la Catedral, el Teatro Degollado, la Rotonda de los Jaliscienses Ilustres y sus plazas. Pero unas cuadras al sur está otro Centro que merece la misma atención: Mexicaltzingo.
Su historia se remonta a los orígenes de Guadalajara, en 1542. Bajo la calle Colón sobrevive el Puente de las Damas, construido a finales del siglo XVIII para comunicar el antiguo pueblo con la ciudad. En una vecindad de Donato Guerra nació, en 1933, Marco Antonio Muñiz, quien años después sería conocido como “El Lujo de México”. Cada primavera, las pitayas de Amacueca, Techaluta de Montenegro y otros municipios de Jalisco llenan de color y de sabor sus alrededores, manteniendo viva una tradición de generaciones.
Hoy el barrio conserva su identidad, pero también exhibe las consecuencias del abandono: fincas deterioradas, calles oscuras, basura y una percepción de inseguridad que desalienta a quienes quisieran recorrerlo. Su jardín, que lleva más de dos décadas esperando una rehabilitación integral, es quizá el ejemplo más evidente de la falta de atención municipal.
La historia del jardín de Mexicaltzingo refleja el arraigo de sus habitantes. Tras la demolición del antiguo mercado en 2005, los vecinos recuperaron el terreno baldío, plantaron árboles y construyeron juegos infantiles con materiales reciclados. En 2017 volvieron a defenderlo, esta vez frente a un proyecto de estacionamiento subterráneo al servicio del Teatro Diana que promovía la Universidad de Guadalajara durante la administración municipal de Enrique Alfaro. En 2022, tras años de oposición vecinal, el entonces alcalde Pablo Lemus canceló el proyecto. Ese mismo compromiso ciudadano merece una respuesta a su altura.
Hace unos meses decidí emprender en una finca antigua de Nicolás Régules que data de 1890. Ahí nació Casa Xalisco, una cantina que busca recuperar la tradición de conversar sin prisa, compartir la mesa y encontrarnos incluso con quienes piensan distinto.
Emprender aquí me ha permitido conocer a comerciantes y vecinos que siguen apostando por el barrio. Su esfuerzo merece acompañamiento de la alcaldesa Verónica Delgadillo y del Gobierno de Guadalajara: mejores servicios públicos, calles limpias, banquetas dignas, iluminación moderna y un jardín que vuelva a reunir familias.
La inversión privada puede recuperar fincas; la pública, devolver vida a las calles. Ambas deben beneficiar también a quienes siempre han habitado Mexicaltzingo.
Desde esta casa toma nombre mi columna: Desde Casa Xalisco, una mesa abierta para hablar de Guadalajara, de Jalisco, de política y de lo que podemos construir juntos.
Mexicaltzingo no necesita que le inventemos un futuro. Necesita que no olvidemos su pasado y empecemos a cuidar su presente.