"La historia de Hind posee el peso de todo un pueblo".
La directora tunecina Kaouther Ben Hani, dejó todo, literalmente, cuando se enteró de la muerte de la niña palestina de 5 años, Hind Rajab, en el norte de Gaza el 24 de enero de 2024.
La realizadora, conocida por cortometrajes reveladores y dos largometrajes estremecedores de conciencias:
"Las hijas de Olfa" y "La bella y los perros", una historia real sobre la violación de una joven por parte de un grupo de policías.
La preocupación de Ben Hania era presentar al mundo la injusticia de una guerra absurda, el auto donde viajaba Hind Rajab con parte de su familia, fue tiro al blanco y recibió 355 balazos disparados por la Fuerza de Defensa de Israel.
La directora señaló que no puede aceptar un mundo que se niega a reconocer estos actos de barbarie.
"La voz de Hind Rajab" partió de 70 minutos de llamadas telefónicas entre personal de la Media Luna Palestina y la pequeña alumna de Jardín de Niños que está sola, rodeada de su familia "dormida" dentro de un auto acribillado, frente a los disparos de los tanques israelitas.
¿Por qué me ocupo de esta película que se puede ver en Netflix?
Porque es un ejemplo del valor que adquieren los medios de comunicación en sucesos que además de lamentables muestran lo vergonzosa que es la guerra, cualquier guerra.
La cinta co producida por Francia y Túnez, con el apoyo de estrellas de Hollywood, se aleja de lo grotesco como espectáculo y se acerca al docu drama con una mirada lo más objetiva posible, en todo el filme se escucha la voz grabada de Hind y en momentos de Omar (Motaz Malhees), el sebsible Omar (Motaz Malhees) o la psicóloga Misreen (Clara Khouri), el filme no niega su apego a la realidad, no hay aderezos, el jefe Mahdi (Amer Hlehel) ontenta no perder los estribos, pero... la tragedia está presente en todo momento.
Conocemos el desenlace, pero igual nos mantenemos inmóviles ante la narración con un único escenario, las oficinas de la Media Luna en Ramallah, Cisjordania, a 80 kilómetros al norte de Gaza.
El filme se rodó en secreto por tres semanas, luego se fue a recorrer el mundo para demandar la paz para Gaza.
"Nunca más" se dijo luego de los campos de exterminio en la Europa de la Segunda Guerra Mundial, se volvió a decir en los campos de de exterminio en Bosnia Herzegovina de los años 90, se repite luego de cada monstruosidad en la guerra de Ucrania o las interminables guerras civiles del cuerno de África.
El mundo se estremece cuando ve como mueren un padre y su hijo en una calle de Medio Oriente, en medio de fuego cruzado entre israelíes y palestinos; no entiende por qué se encierran 200 jóvenes palestinos en la iglesia de la Natividad en Belén ante el asedio israelí; tampoco comprende la humanidad por qué cientos de gazaties entraron al sur de Israel para matar a más de mil jóvenes en un festival de música durante el Yomkipur judío y luego asaltaron colonias y kibutzims, se retiraron al atardecer...
No se entiende, la revancha israelí, el ser humano parece que no entiende que la barbarie no beneficia a nadie, a nadie.
"La voz de Hind Rajab" es la angustia de una pequeña vida que se apaga ante el mundo absorto en trámites burocráticos y mensajes mediáticos en facebook.
La fuerza de defensa de Israel se retiró el 10 de febrero de 2024, las cámaras grabaron como quedaron el auto donde viajaban Hind, sus tíos y primos y la ambulancia donde iban los paramédicos de la Media Luna Roja, Yusuf Zeino y Ahmed al Madhoun. Aparece entonces la mamá de Hind, la señora Hamada, que se acerca a su amada niña...
La película es desgarradora, recibió una ovación de casi 24 minutos, rompió la marca de "El laberinto del Fauno", de Guillermo del Toro, el jurado del Festival de Venecia le dio el León de Plata, Túnez la llevó a los "Oscar", el Festival de Toronto la aclamó... pero hay algo más allá que la vanalización del cine como espectáculo, el cinema es, aunque se le niegue ese valor, la conciencia de la civilización, aún cuando muestra el suicidio humano...
Hind es una niña, inocente, que solo quiere jugar en la playa ¿se acuerdan de los niños que jugaban en un playa de Gaza y fueron acribillados por sus vecinos de Israel?
Nosotros tenemos la opción de cultivar la cultura de la muerte o ver en los medios de comunicación un instrumento de concientización, de recordarnos que somos seres civilizados.
Hind no hizo mal a nadie, solo quería vivir.