Política

El 'huracán' de los 100 mil millones

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Nuevo León sabe levantarse. Lo hicimos después del huracán Gilberto, que en septiembre de 1988 dejó destrucción, dolor y más de 200 muertos. La ciudad y el estado quedaron heridos, pero no derrotados. Nos levantamos trabajando, reconstruyendo y haciendo lo que mejor sabemos hacer los norteños: entrarle al problema hasta resolverlo.

Hoy enfrentamos un huracán distinto. No viene cargado de agua. Viene cargado de deuda, improvisaciones y obras inconclusas.

Los datos más recientes del Centro de Estudios de las Finanzas Públicas colocan a Nuevo León en primer lugar nacional de deuda por habitante: 17 mil 642 pesos por cada nuevoleonés. Además, nuestra deuda equivale al 150.2% de las participaciones federales, también el porcentaje más alto del país.

El problema se entiende mejor mirando hacia atrás. Samuel García recibió en 2021 un estado con una deuda aproximada de 73 mil millones de pesos. Los documentos de seguimiento más serios ubican el saldo hacia 2025 por encima de 108 mil millones. Samuel será el gobernador que más endeude al estado, otro lúgubre primer lugar.

Sin embargo, la deuda registrada cuenta sólo una parte de la historia. Hay que sumar la factura que viene detrás: lo que todavía falta para terminar el Metro, la carretera Interserrana, compromisos con proveedores, y otras obras y obligaciones que sobrevivirán a esta administración. Y esos números suman casi 60 mil millones de pesos adicionales.

La estimación realista es que, entre nueva deuda y compromisos financieros adicionales, esta administración puede dejar más de 100 mil millones de pesos de exposición financiera respecto de lo que recibió. En lenguaje de la calle: Samuel se va, pero la cuenta se queda y es un cuentón.

Y esto no sería tan preocupante si después de semejante esfuerzo financiero y un endeudamiento monumental, Nuevo León tuviera resueltos sus grandes problemas. Tristemente, seguimos perdiendo horas en el tráfico. Seguimos padeciendo problemas de agua y contaminación. Seguimos esperando obras que llevan años anunciándose sin terminarse o terminarse mal y a medias, como el Parque del Agua.

La pregunta, entonces, no es únicamente cuánto se gastó. Es mucho más importante: ¿Qué recibieron las familias, los trabajadores y los empresarios que van a pagar esa deuda de cientos de miles de millones?

En economía existe un concepto elemental: el retorno de la inversión. Un gobierno, por ley, debe obedecer esa lógica. Cada peso comprometido debe producir infraestructura, productividad o bienestar suficientes para justificar su costo; sin embargo, el retorno social de las obras de Samuel ronda en los ceros o los negativos.

Por si todo eso fuera poco, la Cuenta Pública estatal reportó que sólo en 2025 el costo financiero de la deuda del sector público presupuestario fue de 9 mil 910 millones de pesos. Dinero destinado a pagar únicamente intereses, comisiones y otros costos financieros, no a pagar el capital que se debe, y es dinero que ya no puede utilizarse simultáneamente para policías, agua, carreteras, escuelas o infraestructura productiva.

Eso es lo que verdaderamente me preocupa: que estemos gastando el Nuevo León de mañana sin saber qué recibió a cambio el Nuevo León de hoy, tal y como lo expresé al reunirme con el Comce Noreste (Consejo Empresarial Mexicano de Comercio Exterior, Inversión y Tecnología) hace unos días.

Sin embargo, soy profundamente optimista, como usted estimada lectora y lector norteño, Nuevo León pudo levantarse de Gilberto y de decenas de retos más; por tanto, podemos levantarnos de este huracán financiero. Tenemos empresas de clase mundial, universidades extraordinarias, trabajadores calificados, cultura industrialista y una sociedad que nunca se ha rajado.

Hoy tenemos, además, una oportunidad nacional que parece diseñada para hablar con acento norteño: el Plan México de nuestra presidenta, la doctora Claudia Sheinbaum Pardo, y la actitud del modo sí: resolver los retos estatales pensando en una gran transformación nacional.

El Plan México apuesta por industrialización, infraestructura, inversión nacional y extranjera, simplificación, contenido nacional y empleos bien remunerados. Y apenas hace unos meses, la Presidenta agregó un programa de inversión en infraestructura por 5.6 billones de pesos hacia 2030, articulando capital público y privado en sectores estratégicos. Eso es profundamente compatible con nuestra mejor tradición industrial y es una línea de vida para un Nuevo León endeudado de manera irracional.

La respuesta es, pues, crecimiento, pero con planeación. Inversión, pero con certeza. Infraestructura, pero con retorno social. Empresa y comunidad fuertes. Eso es Crecimiento con Justicia, que es el alma del Claudismo como ideología del desarrollo nacional en el segundo cuarto del siglo XXI mexicano.

El problema es grande, sí; pero nuestra capacidad es todavía mayor. Vamos a superar el huracán financiero de Samuel si entendemos que un Nuevo León como pilar de la transformación es un Nuevo León con una de las mejores perspectivas de su historia.

Con trabajo, disciplina, cultura industrialista y entrando de lleno al Plan México, el futuro de Nuevo León es brillante, sólo hace falta volver a los valores originales del norte: trabajar con capacidad y cumplir con absoluta seriedad. Esa transformación será recuperar nuestra alma norteña. Punto.


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Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO, S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.
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