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Sábado , 23.02.2019 / 09:31 Hoy

Ojo por ojo

AMLO y la explosión de Tlahuelilpan

Álvaro Cueva

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Está muy sospechoso todo: el gobierno toma medidas históricas para combatir el robo de gasolina, Andrés Manuel López Obrador anuncia que recorrerá personalmente los ductos y éstos comienzan a explotar. ¡A explotar!

Y hablo en plural porque Tlahuelilpan no es el único caso. La opinión pública está conmocionada por las muertes, por el dramatismo, por las imágenes, pero este asunto es más grande. En los últimos días se han reportado más explosiones, más fugas, más incidentes.

Es como si alguien le quisiera mandar un mensaje al Presidente. Es como si alguien nos estuviera diciendo algo. Ojalá me equivoque, pero se me hace demasiada casualidad que de un día para otro aparezca una tentadora megafuga de combustible en un punto estratégico, que la gente reaccione como reaccionó y que aquello termine en tragedia nacional.

Hay fugas que no convocan a nadie, hay personas que ordeñan ductos a las que nunca les pasa nada. ¿Qué fue lo que sucedió? ¿Por qué ahí? ¿Por qué en este momento?

Sí, es muy fácil caer en la tentación del análisis moral, de culpar a las víctimas por haber querido aprovechar la fuga para robar, de hablar de lo bajo que hemos caído como sociedad y perderse en asuntos de color como el tamaño o la calidad de los recipientes que esas personas llevaban para cargar el combustible.

Pero la nota no es ésa, la nota es que hay más de 65 muertos, más de 75 heridos, un montón de reportes de personas desaparecidas, miedo, angustia y desesperación.

¿Y si no fue un accidente? ¿Y si fue una trampa? ¿Y si alguien esperó el instante preciso para convertir aquello en una desgracia?

Los videos que circular por todos lados no son claros en ese sentido, pero sí lo suficientemente desgarradores para sembrar pánico, para ponernos mal.

¿Qué sigue después de esto? ¿La gente dejará de robar combustible cuando se tope con oportunidades como la de Tlahuelilpan? ¿Nos enteraremos de más explosiones?

¿El Presidente insistirá en recorrer personalmente esas instalaciones? ¿Lo hará a pesar del riesgo que representan? ¿Y si ya no lo hace cuál será el impacto de esa cancelación?

Mientras se hacen las investigaciones correspondientes quisiera comentar algo que marca una diferencia respecto a otras emergencias nacionales que hemos vivido en las últimas décadas. En esta ocasión, el Presidente reaccionó de inmediato, ordenó, trabajó, dio la cara, se enfrentó a la prensa y hasta canceló su agenda para tomar las riendas del conflicto.

Perdón pero yo no recuerdo un liderazgo similar en ninguno de los presidentes que me han tocado desde que nací. Por si esto no fuera suficiente, y los medios no me dejarán mentir, la atención a las víctimas y a sus familias ha sido impresionantemente efectiva, respetuosa.

¡Qué diferencia respecto a otras administraciones! ¿Se acuerda? Antes nada ni nadie podía molestar a los presidentes en sus descansos o en sus giras. Después de consultarlo con mil y un asesores, lo cual podía tardar muchas horas, a veces días, leían un mensaje abstracto, grabado, producido.

Esta vez, no. El cambio fue tan radical que casi no hubo reporteros en la rueda de prensa del sábado por la mañana en Palacio Nacional. Nadie esperaba nada y sucedió todo. ¡Qué contraste! ¿O usted qué opina?


@AlvaroCueva





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