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Miércoles , 24.04.2019 / 07:29 Hoy

El pozo de los deseos reprimidos

Sabrina y la Zabaleta

Álvaro Cueva

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Me Too por aquí, Me Too por allá. Que si los derechos de las mujeres, que si el extremismo. No sé usted, pero yo llevo días viendo cualquier cantidad de debates, arrebatos, peleas y justificaciones alrededor de este fenómeno tanto en redes sociales como en medios tradicionales.

Por eso le quiero recomendar que vea la segunda parte de la serie Chilling Adventures of Sabrina (la versión siglo XXI de Sabrina, la bruja adolescente) en Netflix.

¿Por qué? Porque toda esta temporada, que se estrena hoy, gira alrededor de esto, de una Sabrina (Kiernan Shipka) que decide combatir la falta de equidad y los abusos que viven las mujeres. Y lo más interesante es que lo hace igual que miles de personas lo están haciendo en las redes sociales: pasando de la sensatez más admirable a los excesos más espantosos, de la razón al odio y de la civilidad al delito.

Es una gran propuesta que le va a servir mucho, sobre todo a los jóvenes, no solo a entender movimientos como Me Too sino a reflexionar sobre este otro conflicto que se está dando con particular intensidad justo ahora en un montón de lugares.

¿Pero sabe qué es lo más positivo de esta historia? Que usted no necesita haber visto la primera temporada de Sabrina para entender lo que le van a poner en pantalla y que el nivel de espectáculo es fabuloso. Le interesen o no los derechos de las mujeres, le guste o no lo que hacen los hombres, mirando esto se la va a pasar increíble por el grado de acción de cada episodio.

Sabrina ya no es la brujita linda de los comics. Ahora es más fuerte, mejor y peor. Así. Las dos cosas a la vez. ¿A poco no?

Monstruos sagrados

¿Se acuerda que el lunes le escribía del magnífico trabajo de Susana Zabaleta en el musical Casi normales? Pues el miércoles por la noche me fui a verla al Lunario del Auditorio Nacional y descubrí algo tan importante que no me puedo quedar con las ganas de exponérselo ya. La Zabaleta, al lado del cuarteto yucateco Los Juglares, está luchando por recuperar las noches de Ciudad de México y por impedir que muera una de las manifestaciones más hermosas de nuestra cultura popular: los boleros.

¿Y cómo lo está haciendo? Invitando a una gran personalidad, de un universo completamente diferente, a cantar junto a ella en unos conciertos maravillosos donde la gente canta, se emociona y se divierte como en la época dorada de la capital de este país. Primero lo hizo con Margarita, la diosa de la cumbia. El miércoles, con Rubén Albarrán. Y próximamente lo hará con Cecilia Toussaint.

A mí me tocó con Rubén y todavía estoy en éxtasis. Qué manera de hacer equipo. ¡Qué manera de crear belleza! Si en algo parecía su corazón, nuestra cultura y nuestra música, tiene que correr a ver esto antes de que desaparezca porque, tristemente, es un evento que solo se da una vez cada dos meses.

¿Por qué tristemente? Porque era para que se presentara más seguido, para que saliera de gira, para que recorriera el mundo. Estos monstruos sagrados no se reúnen todos los días y la gente se la pasa tan bien que yo tendría que ser el periodista más egoísta de México para no recomendarle esta experiencia. Nos vemos pronto con La Zabaleta, Los Juglares y La Toussaint en El Lunario.

alvaro.cueva@milenio.com

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