Los Premios TVyNovelas no se componen ni con el covid-19. Es una vergüenza lo que sucedió ahí la noche del sábado pasado.
¿Por qué? Porque, considerando el alto grado de sensibilidad de la sociedad mexicana hoy, con la pandemia, aquello era una oportunidad magnífica para que Televisa mandara mil mensajes positivos.
¿Y qué fue lo que pasó? Lo de siempre: pusieron a mucha gente a nominar, a votar, pero al final quedó una sensación rara, como de incongruencia institucional.
No nos hagamos tontos, si La usurpadora fue la maravilla del siglo XXI, ¿por qué se dejó de hablar de ella durante tanto tiempo? ¿Por qué su productora no tiene ninguna otra telenovela al aire? ¿Por qué ya no se hacen las Fábricas de sueños?
Si las hacker-series como Sin miedo a la verdad fueran lo de hoy, ¿dónde están las nuevas temporadas? ¿Dónde están las propuestas de este año? ¿Por qué no hay hacker-series con protagonistas femeninas? ¿Así de incluyentes son?
¿Y qué me dice de lo de Silvia Pinal? Me queda claro que Carla Estrada es lo máximo de lo máximo. ¿Y qué tiene en pantalla en este momento? ¿Cuánto falta para que estrene su nueva serie? ¿Qué apoyo le están dando?
Aquí hay cualquier cantidad de problemas y no, no tienen que ver ni con la transmisión, ni con la producción del evento, ni con el trabajo de los conductores ni con los chismes.
Tienen que ver con lo verdaderamente importante de cualquier premiación: credibilidad, trascendencia, renovación y resultados.
Credibilidad. Estamos a acuerdo en que, de un tiempo a la fecha, los señores de los Premios TVyNovelas se la han pasado buscando fórmulas para inyectarle credibilidad a este galardón. Bien por ellos.
La bronca es que, de origen, están cometiendo un error: quieren tratar esta fiesta como si fuera una ceremonia abierta tipo los Golden Globes, pero, con la pena, son una premiación cerrada, una fiesta interna de Televisa para Televisa.
Esto no tendría ningún problema si Televisa fuera la cúspide del espectáculo nacional como en los tiempos de Rosa Salvaje.
Como ya no lo es y, al contrario, sus estándares y sus presupuestos tienden a ir a la baja, no hay manera de mirar aquello, voltear hacia las producciones originales de empresas como Netflix y sentir pena. Perdón. Vamos llamando a las cosas por su nombre.
Trascendencia. Cuando alguien gana un premio que vale la pena, le llueven los contratos, cobra más y, lo más importante de todo, queda marcado por un sello de calidad.
Cuando se habla de Tom Hanks, por ejemplo, siempre se dice “el ganador del Oscar Tom Hanks”.
¿Qué pasa con los ganadores de los premios TVyNovelas? ¿Cómo van sus contratos? ¿En qué cambia su carrera? ¿Cómo se les anuncia? ¿Entonces cuál es la importancia de recibir este trofeo? ¿Dónde está la trascendencia?
Renovación. Los premios no sólo son un buen negocio, son un incentivo para mejorar cualquier industria. Por eso casi siempre se le dan a la calidad, no a la popularidad.
La idea es que cada día se hagan más y mejores programas, con producciones más cuidadas, con actuaciones más profundas y con conducciones más profesionales.
¿Qué va a cambiar en las telenovelas de Televisa después de lo que vimos el sábado pasado? ¿Qué va a mejorar en el trabajo de los actores? ¿Qué?
Resultados. Lo mejor de los premios de verdad es que siempre abren el debate.
¿Sobre qué? Sobre ideas políticas o sociales como el reconocimiento a los contenidos de izquierda, como la inclusión de actrices afrodescendientes o como la contratación de actores transgénero.
¿Cuál es el debate de los premios TVyNovelas de este año? Que Televisa está dividida.
Por un lado, tenemos la empresa que está al aire, luchando por sobrevivir y por regresar a las comedias de antes, a las telenovelas clásicas.
Y por el otro, esta Televisa como bicultural que invierte más tiempo en celebrarse que en atender las necesidades del público nacional.
¿A quién le importa? Pues a nadie porque no es un problema de la industria, es un problema de Televisa.
Ahí está la bronca. No hay debate real, no hay ceremonia real.
Los premios TVyNovelas no se componen ni con el covid-19. Es una vergüenza lo que sucedió ahí la noche del sábado pasado. ¿O usted qué opina?
alvaro.cueva@milenio.com