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'Nocturno': el acontecimiento

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Yo creo que Alejandro Gou, Guillermo Wiechers, Francisco Franco y Daniel Giménez Cacho todavía no se dan cuenta de lo que están haciendo en el Centro Cultural Teatro 2 de la Ciudad de México.

Nos están ofreciendo “Nocturno”, la primera experiencia inmersiva de comunicación intrapersonal de toda la historia del teatro mexicano.

No es un monólogo. Es la respuesta del teatro a lo que nos está pasando sin importar nuestro nombre, nuestra edad, nuestra historia.

Le recuerdo: la comunicación intrapersonal es el diálogo que sostenemos con nosotros mismos. La manera como nos hablamos. Las cosas que nos decimos.

La comunicación intrapersonal es la clave del éxito o del fracaso de la salud mental, de nuestra salud mental tan vulnerada en estos tiempos.

Una experiencia inmersiva es una actividad que a través de estímulos sensoriales nos hace vivir cosas que difícilmente viviríamos en la realidad. Un viaje que nos transporta, que nos sumerge.

En “Nocturno”, Daniel Giménez Cacho es un instrumento musical finísimo, una caja de resonancia perfecta que recoge y procesa nuestras más íntimas emociones mientras un abrazo de espejos nos hace ver lo que jamás imaginamos.

Ahí, en una espiral hipnótica creada por los movimientos del actor, se abre el cielo, crece la hierba y llueven los muebles mientras se van abriendo las capas más profundas de nuestra alma hasta llegar a la sanación.

No es casualidad que una canción que habla de las heridas, de las dinámicas de control y de la vigilancia tecnológica como “Eye in the Sky” sea uno de los detonantes estructurales de esta obra tan pura que involucra todas las artes, todos los sentidos.

“Nocturno” es literatura, es danza, es cine, es arquitectura, es pintura, es música, es escultura.

“Nocturno” entra por los ojos, por el olfato, por los oídos, por el gusto, por la piel.

¡Ahí están todas las referencias! ¡Ahí están todas las palabras traducidas por el mismo Wiechers con un admirable dominio de nuestro idioma!

Un “Nocturno” es una pieza musical, por lo general de piano, como el piano que todo el tiempo está jugando aquí, como el piano que es Daniel Giménez Cacho, que evoca la melancolía.

No puede existir un nombre más adecuado para este recital escénico que ése: “Nocturno”, la obra maestra de Adam Rapp.

El maestro Rapp es un hombre de televisión. Yo lo admiro mucho por aportaciones inolvidables como “In Treatment”, “Flesh and Bone” y “The L Word”.

“Nocturno” era un monólogo diseñado para ser interpretado por un hombre treintañero, a principios de los años 2000, en un teatro pequeño, Off-Broadway.

¿Ahora entiende cuando le digo que Alejandro Gou y Guillermo Wiechers todavía no se dan cuenta de lo que están haciendo?

Ellos son los genios responsables de los más grandes, fastuosos y avanzados espectáculos teatrales de todo México como “20 años después”, “Matilda”, “Jesucristo Superestrella” y “José el soñador”.

Gou y Wiechers, juntos, son sinónimo de derroche, de multitudes, de tecnología.

Verlos regresar aquí al teatro más puro de todos, reduciendo el número de butacas, renunciando a muchísimos recursos para apostar por otros, devolviéndole al teatro mexicano la dignidad del contacto humano, manda mensajes poderosísimos.

El simple hecho de que un hombre maduro como Daniel Giménez Cacho (que además es uno de los mejores actores del mundo) sea la estrella de esto, convierte a “Nocturno” en una vivencia millones de veces más fuerte que la que el mismo Rapp imaginó.

A esto súmele, por favor, la dirección. Para una eminencia como Francisco Franco hubiera sido muy fácil poner a Daniel a gritar, a gemir.

¡No! Todo lo contrario. No sé cómo lo consiguió, pero logró que toda la fuerza de este titán de la actuación se condensara y que en lugar de proyectarse hacia afuera se fuera hacia adentro sacudiendo al público de una manera completamente diferente, innovadora.

Estamos ante un acontecimiento como cuando Manolo Fábregas hizo “El violinista en el tejado”, como cuando Héctor Bonilla hizo “El diluvio que viene” o como cuando Carlos Ancira hizo “El diario de un loco”.

Perderse esto sería como perderse de una página de oro en la historia del teatro mexicano. Por favor, hágale como pueda, pero mate por ir a ver ya “Nocturno” al Centro Cultural Teatro 2 de la Ciudad de México.

Se presenta los viernes a las 20:00, los sábados a las 18:00 y 20:30, y los domingos a las 18:00. Corta temporada.

No sólo le va a gustar. Le va a fascinar. De veras que sí.


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Álvaro Cueva
  • Álvaro Cueva
  • alvaromilenio5@gmail.com
  • Es el crítico de televisión más respetado de México. Habita en el multiverso de la comunicación donde escribe, conduce, entrevista, da clases y conferencias desde 1987. publica de lunes a viernes su columna El pozo de los deseos reprimidos.
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