¿Tiene sentido seguir diseñando un plan de estudios pensando en lo que un profesionista necesita saber hoy, cuando ese estudiante ejercerá en un mundo que todavía estamos intentando comprender?
Esta pregunta debería ocupar una parte importante de las conversaciones sobre el futuro de la educación superior.
Durante décadas diseñamos planes de estudio identificando los conocimientos, habilidades y competencias que una profesión requería. El problema es que hoy el entorno cambia a una velocidad distinta a la de nuestras estructuras académicas.
Mientras una universidad analiza, diseña, autoriza e implementa un programa, aparecen nuevas tecnologías, se transforman procesos y cambian las competencias que demanda el mercado laboral.
No significa que debamos modificar un plan de estudios cada vez que aparece una nueva herramienta. Significa que quizá debemos dejar de pensar el currículo como una estructura terminada y comenzar a entenderlo como una arquitectura capaz de evolucionar.
La universidad que viene necesitará conservar núcleos sólidos de conocimiento, pero también construir espacios de flexibilidad que permitan incorporar competencias emergentes, experiencias interdisciplinarias y nuevas formas de resolver problemas.
Y aquí aparece un cambio todavía más profundo… quizá ya no sea suficiente preguntarnos qué necesita saber un egresado.
También tendremos que preguntarnos qué necesita ser capaz de aprender cuando aquello que sabe deje de ser suficiente.
Pensamiento crítico, adaptabilidad, creatividad, inteligencia emocional, capacidad de decisión, criterio y aprendizaje permanente adquieren entonces otra dimensión. No son habilidades adicionales al perfil profesional, son las que permitirán que ese perfil continúe siendo pertinente cuando cambie el contexto.
El desafío del diseño curricular ya no consiste únicamente en anticipar qué profesiones existirán o qué tecnología utilizaremos. Probablemente nadie pueda hacerlo con absoluta certeza. El verdadero desafío es formar personas capaces de moverse con inteligencia frente a aquello que todavía no podemos anticipar.
Porque tal vez la universidad que viene no tenga que preparar a sus estudiantes para un futuro específico.Tendrá que prepararlos para saber qué hacer cuando el futuro sea distinto al que imaginamos.