El Partido Verde Ecologista de México (PVEM) ha sido, siempre, esa pieza que sabe acomodarse. En 2000 se alió con el PAN y ayudó a ganar la Presidencia de la República. Desde entonces sus alianzas han resultado rentables. En tiempos de Andrés Manuel López Obrador sirvió como bisagra de la 4T. En Jalisco fue aliado de Morena. Hasta que dejó de serlo.
Hoy, el PVEM anuncia que en 2027 va a competir solo en la boleta local. Supuestamente no es un berrinche. Es una decisión estratégica. O, dicho de otro modo, el Verde ha decidido que ya no quiere ser el acompañante de Morena, sino el protagonista. Su naturaleza política invita a sospechar que su coalición esta vez no es abierta sino de clóset.
Hay que recordar el proceso electoral del año pasado. Morena y el PVEM fueron juntos bajo la coalición Sigamos Haciendo Historia en Jalisco. No ganaron la gubernatura —Claudia Delgadillo, por cierto candidata verde, perdió por un estrecho 4.93 por ciento ante Pablo Lemus—, pero se convirtieron en la primera fuerza del Congreso local. Nada despreciable.
Los números del Verde, por sí solos, muestran un crecimiento envidiable para cualquier otro partido. Comparado con 2021, aumentó su votación en un 47.5 por ciento. En diputaciones locales pasó de 94 mil 973 votos (3.33 por ciento) a 102 mil 334 votos adicionales respecto a la elección anterior, alcanzando el 5.34 por ciento del total. No es una explosión, pero sí una tendencia clara.
De hecho, el gran ganador del proceso electoral de 2024 fue el PVEM de Jorge Emilio González, con un repunte de más de 300 por ciento, frente al 8 por ciento de Morena, lo que dejó en la mira a Mario Delgado, entonces líder nacional del partido, por los resultados obtenidos.
Lo curioso comenzó después de las elecciones. Apenas instalada la nueva legislatura, el Verde rompió con Morena y se acercó a Movimiento Ciudadano. En la primera sesión ya estaban del otro lado. Y no solo eso, “arrebataron” a dos diputados morenistas —Brenda Carrera y Alberto Alfaro—, este último convertido en un dolor de cabeza para la alcaldesa de Tlaquepaque, Laura Imelda Pérez.
Alfaro, junto con el regidor Eduardo Ramírez, ha denunciado presuntas irregularidades por más de 80 millones de pesos en licitaciones del ayuntamiento. El propio diputado lo expresó con contundencia: “No estamos hablando de errores administrativos, estamos hablando de más de 80 millones de pesos del dinero de la gente”.
Entre los señalamientos: un contrato de 38 millones para servicios vinculados al Mundial 2026 y otro de casi 45 millones para luminarias, con empresas de dudosa reputación. Alfaro ya anunció una denuncia formal ante la Contraloría Municipal.
La postura del PVEM, en todo caso, ya es pública y no deja lugar a dudas:
“En Jalisco, las decisiones del Partido Verde se toman con responsabilidad, con claridad y con un objetivo: crecer con identidad propia. No necesitamos subordinarnos a ninguna otra fuerza para consolidar nuestro proyecto”.
Según Alfaro, en 2027 el Verde irá solo en la boleta local. Y no lo presentan como un capricho, sino como una definición de largo plazo: competir con agenda propia, sin diluir su identidad. Aun así, no es ningún secreto la buena relación que mantiene abiertamente con Movimiento Ciudadano (MC).
Aquí es donde el juego de ajedrez político se vuelve evidente. Si el Verde se separa de Morena y además coquetea abiertamente con Movimiento Ciudadano —como ocurre con el alcalde de Puerto Vallarta, Luis Munguía, cada vez más cerca de Pablo Lemus—, el principal beneficiado es el partido naranja.
No hay que darle más vueltas: en 2027, la ruptura divide el voto que antes iba unido. Morena pierde un acompañante que le aportaba estructura, y el Verde se convierte en un competidor que puede restarle más votos a la izquierda que a MC. Es un secreto a voces: mientras más fragmentado esté el campo progresista o morenista, mayor es el espacio para que Movimiento Ciudadano conserve el poder que ganó en 2024.
El Verde, en suma, ha decidido jugar solo con la percepción de que negocia bajo la mesa con los naranjas.