Es una forma de pensar, una forma de vivir: preguntándote constantemente, ¿quién tiene mi dinero?
Esto significa: quiénes son mis clientes, a quién le voy a vender mis productos y servicios. Constantemente.
Cuando vas a una reunión, cuando vas a jugar golf, pádel o cualquier deporte, hacerte esta pregunta te ayudará a identificar clientes potenciales.
Te darás cuenta de que en todos lados hay posibles clientes que no habías identificado porque los ves quizá como desconocidos o como amigos y nada más.
Todas las personas son consumidoras, todos gastamos en ciertas cosas y seguramente ya gastamos en algo que tú produces. ¿Por qué no acercarse y que te conozcan por lo que haces profesionalmente?
Es curioso que en los grupos de amigos, lo último que se cuestiona es a qué se dedica aquel tipo de la esquina. Se habla de todo: de deportes, de coches y de los goles de la última jornada, dejando al último —y a veces nunca llega— preguntar a qué se dedican los demás en el grupo.
Ahí está la clave: una vez que ubiques quién tiene tu dinero, ya llevas un 50% de avance en tus objetivos comerciales.
El segundo paso es acercarte a los lugares donde ellos se encuentran.
Puede ser un club, una cámara, un restaurante donde se reúnen, y si no conoces a ninguno, buscarás a quien sí los conoce y harás todo lo posible para que te presenten y te inviten a sus reuniones. Poco a poco, sin forzar nada.
Estando dentro, está en ti lograr tus objetivos.
Querido lector, asegúrate de que todos sepan lo que haces, de tener muy buenas referencias y de que tu negocio sea visible para todos.
Y por favor: descubre quién tiene tu dinero.
¡Buen día!