El ataque de Andrómeda Elisa Cordero contra sus hijos, hoy acusada de asesinar a su bebé de cuatro meses de nacida y a la niña Laisha Sofía, de dos años, deja al descubierto dos grandes problemas sociales y poco o mal atendidos en Nuevo León.
La violencia familiar y el maltrato infantil están en aumento todos los días, y aunque no todos los casos reportados llegan a ser una tragedia, nunca sabremos cuándo serán.
De lo que sí podemos estar seguros, es que entre más casos se presenten, más posibilidades habrá de que sucedan eventos fatales.
Los datos oficiales indican que cada mes se reportan mil 420 casos de violencia familiar.
Y un reporte reciente detalla que el aumento es tan grande en los últimos meses que, de continuar la tendencia el resto del año, los casos de violencia familiar habrán aumentado 70 por ciento en comparación con los registrados en 2012.
Ana Bertha Garza Guerra, titular de la Procuraduría de la Defensa del Menor y la Familia, dice que este 2015 podría cerrar con incremento del 17 al 19 por ciento en el número de casos de maltrato infantil.
"El año pasado rebasó los 4 mil 300 al cierre del 2014; sin embargo, en el primer semestre del 2015 rebasó los 2 mil 600, y eso significa que la tendencia es que a fin del 2015 vamos a tener más de cinco mil reportes de presunto maltrato infantil", asegura.
¿Cómo saber cuándo un reporte puede derivar en un caso de infanticidio, como el que se le presume a la señora Andrómeda?
Entre tantos reportes seguramente es muy difícil detectarlo.
En general existen las Procuradurías de Defensa del Adulto Mayor, Defensa del Menor y la Familia, institutos de atención a la mujer o de delitos contra ellas, los hay estatales y municipales, de manera que el incremento revela un problema social, no institucional.
Antes de una denuncia penal, estas instituciones trabajan a través de asesorías legales, terapias psicológicas, individuales o de grupo; orientación legal, psicológica y hacen distintos talleres, con el objetivo de que las familias no lleguen al extremo de consecuencias fatales.
Hay que decirlo, amigo lector, el problema de aumento de la violencia no es el asunto de ninguna de estas procuradurías o institutos, quienes deben atacar el aumento son otros, porque hay que atender aspectos culturales, sociales, legales e incluso económicos.
El caso de Andrómeda sin duda nos dice que es urgente atender los reportes que hay para que no sean fatales, para que no afecten a los infantes.
En ese aspecto se puede mencionar que en otros países han modificado el proceso legal: enfocarse en la víctima y no en el delincuente.
Un poco de esto se trata la "Justicia Restaurativa" que lleva algunos años aplicándose en Europa.
Los procesos de nuestra justicia hoy en día están centrados en castigar a quien realiza un delito y buscar que, como delincuente, se reintegre a la sociedad para no volver a delinquir.
No necesito decirlo, usted lo sabe, estimado lector, esto no sucede ni remotamente.
En el caso de asuntos de violencia y maltrato, parece muy humano y convincente centrar la atención en las víctimas, en restaurar el daño causado a ellas, en permitir que el infractor o delincuente repare el daño y muestre arrepentimiento.
En el caso de Andrómeda y su pareja, la justicia hubiera operado de manera diferente desde el primer reporte y probablemente hoy el final sería otro.
Se trata de un proceso diferente, de un sistema deseable en nuestra sociedad y podemos celebrar que ya hay avances en la posibilidad de incrustarlo en Nuevo León.
Y de cualquier manera estará pendiente la estrategia de prevención, la que evite los miles de casos reportados por mes, la que evite muertes y atrocidades, la que estamos esperando que se anuncie... o usted, ¿qué opina?
alejandro.gonzalez@milenio.com