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Lunes , 18.02.2019 / 06:45 Hoy

Columna de Alejandro González

Calentamiento global: el hielo polar comienza a desaparecer

Alejandro González

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Uno de los efectos del calentamiento global, y de los que más preocupan, es el derretimiento de los hielos polares. La semana pasada en medios internacionales, sobre todo en Europa, la noticia del aumento en el deshielo polar ocupó primeras planas.

Cuando el asunto aún parecía un mito, porque había poca evidencia gráfica, en agosto del 2007, el vicepresidente de la Cámara Baja de la Asamblea rusa y reconocido explorador polar, Artur Chilingarov, viajó con dos minisubmarinos por abajo del hielo polar, aprovechando una grieta que se formó por el derretimiento. Durante nueve horas bajó hasta lo más profundo de aquellas aguas heladas para encontrar la base del Polo Norte.

Al llegar se dispuso a tomar fotografías y posteriormente, como si se tratara de la época de la colonia, reclamó el territorio plantando una bandera rusa de titanio inoxidable en la vertical del Polo Norte, a 4 mil 261 metros de profundidad…

“Hay un pedregal amarillento. No se ve ninguna criatura de las profundidades”, dijo. “Tocar fondo a semejante profundidad es como dar el primer paso en la Luna”, agregó y difundió la foto con la bandera rusa.

La reclamación del territorio quedó en anécdota porque el Polo Norte, situado en aguas internacionales, pertenece a todo el mundo. Está regido por la Convención Internacional del Derecho del Mar de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) y se considera “patrimonio común de la humanidad”.

Pero el descubrimiento de que las capas de hielo se estaban rompiendo llamó la atención internacional en dos aspectos: petróleo y rutas marinas.

Según un estudio de la Agencia Geológica de Estados Unidos, el 25 por ciento de las reservas mundiales de hidrocarburos está en el círculo polar. Los países ribereños como Rusia, Estados Unidos, Canadá, Noruega, Dinamarca, Finlandia, Suecia e Islandia podrían explotarlos.

El otro gran interés creado por el derretimiento polar, es la apertura de nuevas vías de comunicación. Navegar en el Paso del Noroeste reduciría en 7 mil kilómetros la ruta entre Europa y Japón, y en 8 mil kilómetros el recorrido de Estados Unidos a China. Por lo tanto hay mucha expectativa de que se puedan abrir esas rutas.

La emoción por las nuevas rutas y el petróleo duró muy poco tiempo, porque al año siguiente se difundió algo que ya se sabía, pero aún no había un buen cálculo (y sigue sin haberlo): que al derretirse el hielo subiría el nivel de los océanos, de manera que pueden desaparecer islas y costas completas. Un metro de altura en el nivel del mar es una catástrofe planetaria.

También se descubrió que en el hielo se encuentra el permafrost, que tiene mucho carbono atrapado y al derretirse se libera a la atmosfera acelerando el calentamiento aún más.

El sábado pasado una noticia dio la vuelta al mundo: los habitantes del archipiélago ártico Nueva Zembla, al noreste de Rusia, están alarmados por la invasión de 50 osos polares agresivos y hambrientos.

Así como el calentamiento global desplazó de su territorio a estos animales, muchas personas serán desplazadas por los cambios en el clima. Según parece lloverá donde no llovía, habrá sequías y tormentas: ya se habla de los damnificados ambientales que puede haber y los problemas que pueden ocasionar para la economía mundial.

El calentamiento global no es un cuento chino y el cambio climático que deriva de él es real. Es importante abrir el criterio y comenzar a combatir este problema. Hay formas de aportar un granito desde nuestra casa y oficina. Hay que ayudar en lo que nos corresponde para evitar que el futuro sea tan caótico, lo peor sería cruzarnos de brazos, creyendo que es puro cuento… o usted, ¿qué opina?


alejandro.gonzalez@milenio.com





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