Desde la orilla hacia el centro. Ese es el reto diario y fastidioso para quienes tienen la enorme responsabilidad de mantener limpio el parque central.
Después de recoger los desechos de los pequeños contenedores dispuestos con tal fin en sitios específicos del lugar y llevarlos hacia el punto común a un costado del kiosco central, el reloj ha avanzado ya una hora y el hambre empieza a hacer mella.
Las cuatro personas se reúnen en el área detallada y colocan al centro de la mesa de piedra y cemento los alimentos para esta mañana. Si alguno olvidó llevar comida o café no hay problema, puede tomar un poco de los del resto, aunque siempre está la posibilidad de comprar uno o dos tamales de rajas o chile verde en la contraesquina, donde doña Lupe coloca su puesto con estos mexicanísimos alimentos y los vende fritos, en torta o así, al natural, en sus hojas de maíz, acompañados con algún atole. A ellos se los da siempre más baratos.
Son las 8 de la mañana y hay que regresar a las actividades. Tomar las escobas, las cubetas y los trapos, como han hecho desde hace años.
- Es desde la orilla hacia el centro porque así se ha hecho y así es más fácil recoger la basura y llevarla al contenedor grande, el que está a dos cuadras de aquí, explica una de las mujeres al nuevo, un hombre de unos 55 años que recién fue transferido al área de servicios públicos del municipio.
Cada uno se dirige a su respectivo cuadrante y empiezan a arrastrar hojas y polvo y botellas de plástico y otro tipo de cosas con sus escobas, las de cerdas plásticas y las clásicas de vara también.
Avanzan de a poco y regresan porque hay pasillos tras los arbustos que nacen pequeños y se quedan así aunque alcancen el central o alguno de los laterales, los más concurridos siempre. Los otros no son menos importantes, solo son usados por otro tipo de personas, la mayoría jóvenes, porque la ubicación les permite alejarse de la curiosidad y el morbo de mirones.
Está a unos 40 metros de la fuente y a unos 15 de la avenida. Desde esa posición puede ver a la tamalera consentida de la zona mientras atiende a los oficinistas del banco de la esquina y a los albañiles de la obra en la otra cuadra. También hay unos estudiantes de la escuela de medicina esperando su turno.
Un poco más allá observa a adultos de paso apresurado casi llevando a rastras a los futuros universitarios porque ya sonó el primer timbre de la primaria y al tercero ya nadie puede entrar o salir, esa es la regla y así ha sido desde que él era niño.
Algunos avanzan a fuerza lloriqueando y otros, la gran mayoría, hacen de este el inicio de una día de juegos y retan carreras a fondo y de lejos porque alguien debe entrar de primeras para que quien pierda invite los dulces a la hora del recreo.
Sonríe con las diferentes escenas y continúa. Ya ha limpiado unas cuatro bancas y hay que seguir barriendo y recogiendo. Al principio le resultó un tanto fastidioso tener que llevar consigo cuatro bolsas diferentes, pero cuando se enteró lo que podía ganar con la basura separada decidió que valía la pena y ahí va, recogiendo botellas de plástico, periódicos, envoltorios de cartón, fichas y latas de aluminio.
Ha avanzado unos cuantos metros y las bolsas están casi llenas. Duda si irlas a dejar al centro del parque a un lado del kiosco o seguir cargando. Piensa en ello y entonces tropieza con un cuchillo, aunque duda en levantarlo porque está manchado de algo que al parecer es sangre.
Se disponía a hablar al responsable de la cuadrilla para informarle del hallazgo justo cuando escuchó gritar a su compañera en alguno de los pasillos del otro cuadrante. Aventó la escoba y se olvidó de las bolsas y su contenido mientras corría hacia el lugar donde luego la vio desvanecerse al tiempo que intentaba gritar a los otros para que vinieran.
Llegó al sitio y vio a la mujer desmayada, se acercó para tratar de reanimarla y, cuando ella volvió en sí no podía articular palabra, solo temblaba y gemía con la vista fija hacia un sitio a espaldas del hombre quien, al voltear, observó los cuerpos de una pareja tendidos sobre el pasto, entre los arbustos.
Parecían estar dormidos…