El futuro profesional de Miguel Ángel es, por decir lo menos, incierto. Depende la hora, el día y hasta la compañía. A veces piensa en estudiar leyes y otras se sueña escritor, alguna vez dijo también que le gustaría ser periodista.
Renata le ha reiterado una y mil veces su total apoyo, dice que estarán juntos y así enfrentarán lo que sea que venga en el futuro sin importar la decisión, para eso son pareja y siempre se lo recuerda aunque él, a decir verdad, tiene más interés en las hormigas que en una vida en común. Es curioso, nunca ha pensado en dedicarse a la entomología.
Su novia se había quedado sin sitio para vivir y afortunadamente le habían hecho un espacio en el albergue de la escuela: tendría techo y comida a cambio de ayudar y apoyar en las tareas cotidianas para alimentar a las decenas de personas que llegaban a pernoctar: lavar los utensilios usados, limpiar y demás. No me parece que sea un mal trato, dijo mientras platicaba las buenas nuevas, a cambio de mis invaluables servicios estaré en un lugar seguro y, lo mejor, con comida gratis.
Miguel Ángel hacía como que le escuchaba y sonría de vez en vez. De toda la charla sostenida con Renata le atrapó en especial aquello de un periodista en el albergue. Quizá sería una buena oportunidad conocerle y ver de qué se trataba su trabajo. Se ofreció a acompañarla con el pretexto de conocer el sitio. Antes fueron a recoger algunas cosas a su casa y aprovechó para avisar a la familia que se quedaría en ese lugar bajo pretexto de un trabajo escolar, todo el equipo había acordado hacerlo ahí.
Cuando llegaron ayudó a Renata en lo que pudo, aunque dada su evidente incapacidad para cualquier cosa terminaron por asignarle la encomiable labor de proveer cubiertos a quien los solicitara. Así estuvo la mayor parte de la hora de la cena, aunque siempre con la vigilante y escrutadora mirada de la mujer “por si acaso”.
Ya había anochecido cuando el último grupo ingresó al lugar. Entre ellos iba Fernando con su viejo portafolios y un cuaderno. Se acercó al área de comida y rechazó los alimentos, aunque sí aceptó el café. Luego, taza en mano, caminó hasta el punto más alejado muy cerca de la salida de emergencia a un costado de la ventana. Renata explicó a Miguel que era fumador y gozaba de ciertas canonjías por su trabajo pero allá, lejos de los demás porque, como sea, el humo del cigarro apesta y eso molesta a la mayoría.
Miguel observa con detenimiento lo que hace. Le mira sacar papeles y ordenarlos sobre el catre a un lado de la grabadora y un teléfono. Le ve acomodarse las lentillas y escribir en el cuaderno, relee notas, fuma, bebe el resto de un café ya frío y vuelve a leer.
- Si gusta puedo traerle más, dice cuando ya está a un lado de la improvisada redacción al tiempo que intenta tomar la taza…
- No, gracias, si quiero más yo mismo iré, le responde sin dejar de hojear y anotar cosas.
Miguel no se mueve del lugar y sigue observando. Fernando lo ignora porque está absorto en una investigación sin resultados, un montón de cabos sueltos en torno a la desaparición de su compañero y el posterior accidente frente al parque de las afueras. No lo sabe a ciencia cierta, pero intuye que hay alguna especie de conexión entre esos hechos y las extrañas desapariciones y “muertes” de personas en la ciudad.
- Perdone, no quería importunarle, su trabajo como periodista debe ser agobiante…
El aludido se disculpa, solo hay muchas cosas dando vueltas en su cabeza y el asunto de la socialización, a pesar de lo que pudiese pensarse, no se le da tan bien. Agradece el ofrecimiento del joven, quien no duda en aprovechar la oportunidad.
- Estoy en el último semestre de la prepa y no sé todavía qué estudiar. Me atraen las leyes, pero creo que el periodismo es lo mío. Bueno, nunca he escrito nada profesional pero a veces apoyo en el periódico de la escuela con alguna efeméride o algo sobre fiestas o cosas así. vine aquí para conocerle y aprender o al menos darme una idea de cómo es ser un reportero. Tal vez podría ayudarle…
Fernando le escucha con atención. Quién sabe, quizá podría ayudarle pero la decisión final será del chaval que, de entrada, no teme acercarse a la gente para plantear cosas.
- ¿Cómo dices que te llamas?