Nadie puede negar que la Upaep es una parte fundamental en el pasado, presente y futuro de Puebla.
Desde sus orígenes, como universidad con visión de derecha, fue incómoda, cuestionaba y no tenía miedo de plantarse frente al poder. Con Alfredo Miranda, por ejemplo, la institución tuvo un sello más confrontativo, crítico, dispuesto a incomodar a los gobiernos de entonces.
Luego, llegó Emilio Baños y con él vino otra etapa. Una de crecimiento interno, expansión institucional y consolidación académica. La Upaep se hizo más grande, más compleja, más robusta, ya no solo como universidad, sino como red educativa con una oferta muy variada; una constelación de instituciones que hoy obligan a rediseñar el gobierno interno.
Pero en ese crecimiento hubo un costo. La UPAEP se volvió menos visible en la crítica pública. No desapareció del debate, pero dejó de estar en el centro. La voz del rector se escuchó menos y la institución opinó con menor fuerza.
En un encuentro con periodistas y directores de medios, Emilio Baños lo aceptó pero justificó que no fue estrategia, ni cálculo político y menos subordinación. Dice que fue agenda y concentración interna. Pero la consecuencia fue evidente en los años de mayor hipersensibilidad del poder frente a la crítica, con una de las universidades privadas más importantes de Puebla que bajó el volumen.
Por eso importa la llegada de Jorge Medina. El nuevo rector no se presenta como golpeador de oficio ni como opositor profesional; tampoco como palero. Su definición fue más fina. Será aliado de todo aquello que construya futuro y crítico de todo aquello que no lo haga. Ahí está la clave.
La UPAEP que viene parece querer recuperar su papel como conciencia crítica de la sociedad, pero sin encerrarse en la comodidad del balcón académico. Medina habla de crítica, pero también de manos metidas en la construcción de soluciones. De denunciar cuando haga falta y de colaborar cuando sea útil.
No es poca cosa porque Puebla necesita universidades que incomoden, que no se conformen con formar profesionistas, sino ciudadanos. Que no midan cada palabra en función de la reacción del gobernador, del Congreso, del alcalde o de la Presidenta. Que recuerden que su función no es quedar bien con el poder, sino servir a la sociedad.
Emilio Baños deja una UPAEP más grande.
Jorge Medina tiene ante sí el reto de devolverle la voz crítica.