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Domingo , 21.04.2019 / 01:46 Hoy

Sin ataduras

Prudencia y firmeza hacia EU

Agustín Gutiérrez Canet

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Washington. Escribí en la columna anterior que Estados Unidos avanza hacia un destino de mayoría racial hispana y el presidente Donald Trump quiere impedirlo con el símbolo psicológico del muro.

Un día después, William H. Frey, demógrafo de la Institución Brookings, coincidió en una tesis similar en el artículo “El muro de Trump no impedirá el auge de la diversidad en Estados Unidos”. Autor del libro Explosión de la diversidad, Frey indicó que la declaración de una emergencia nacional para construir la muralla será inútil por cuatro razones:

1. La población blanca de Estados Unidos apenas crece y envejece rápidamente.

2. Las minorías raciales, especialmente las "nuevas minorías", son más jóvenes y su población está creciendo rápidamente.

3. Menos de la mitad del crecimiento actual de minorías e hispanos se debe a la inmigración.

4. La diversidad racial se está dispersando por toda la nación.

"The Wall" condensa el mensaje de que, para hacer grande a Estados Unidos, debe mantenerse blanco, escribió Frey.

Creo que Trump está jugando con una doble estrategia: usa el garrote para reelegirse y la zanahoria para que el gobierno mexicano coopere con alojar en territorio nacional a los solicitantes de asilo centroamericanos. Por un lado, lanza ataques antiinmigrantes y por el otro, envía mensajes de amistad al presidente de México junto con vagas promesas de fondos para el desarrollo en Centroamérica.

Las señales de respeto que Trump dirige a su colega mexicano, correspondidas por López Obrador, colocan al Presidente de México en una perversa disyuntiva: si evade pronunciarse sobre las agresiones contra México para tratar de mantener una cordial relación, es criticado por no defender la honra nacional, y si responde envuelto en la Bandera Nacional recibirá el aplauso popular, pero tensaría la relación con Estados Unidos.

Para salir de la trampa hay un margen de maniobra limitado, pero viable: diseñar también una doble estrategia que de alguna manera ya practica el gobierno de México: enviar saludos de amistad, pero cooperar en lo mínimo con el gobierno de Trump en asuntos que no son del interés nacional y, al mismo tiempo, intensificar las relaciones con otras instituciones gubernamentales y fuerzas políticas afines.

En el gobierno de Trump hay funcionarios sensatos y pragmáticos, conscientes de la importancia estratégica de México. Saben que los intereses mutuos son demasiado altos para permitir que sean arrastrados por la demagogia.

Los demócratas dominan la Cámara de Representantes, encabezada por la presidenta Nancy Pelosi, auténtico contrapeso a la Casa Blanca, que impugnó la declaración de emergencia nacional.

En California, el nuevo gobernador demócrata Gavin Newsom, quiere acercarse más a México. En Texas, el gobernador republicano Greg Abbott no aprueba el muro, estado donde se encuentra 60 por ciento del total de la frontera nacional con México.

Aquí en Washington es común escuchar a personas en la calle expresar la vergüenza de tener a Trump como presidente, cuyo nivel de aprobación es de 44 por ciento, según Gallup.

En este contexto se requiere una visión clara, una gran habilidad diplomática, una postura flexible de prudencia y de firmeza, para que la relación con Estados Unidos se mantenga cordial y benéfica para ambas partes.

gutierrez.canet@milenio.com
@AGutierrezCanet

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