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Miércoles , 24.04.2019 / 00:12 Hoy

Sin ataduras

De regreso en Washington

Agustín Gutiérrez Canet

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Washington. Después de despedirme de Roma, ahora inicio una nueva etapa en esta capital, donde empecé mi actividad periodística en 1974 en la corresponsalía de Excélsior, a los 23 años.

El entonces director general del diario, don Julio Scherer García, me nombró primero ayudante de corresponsal, y luego corresponsal, recién egresado de la carrera de comunicación de la Universidad Iberoamericana.

Comencé a trabajar en el mejor periódico de México como ayudante de la sala de redacción, mientras estudiaba en la universidad y Scherer era mi maestro de periodismo.

Llegué a esta ciudad el día que el presidente Richard Nixon renunció. Conservo la primera plana del diario The Washington Post con el gran encabezado: NIXON RESIGNS, firmada por Carl Bernstein y Bob Woodward.

Triunfo del periodismo sobre los abusos del poder, los estudiantes teníamos como modelo a los dos famosos reporteros que como resultado de un trabajo de investigación cayó un presidente.

Rafael Rodríguez Castañeda, actual director del semanario Proceso, fue jefe de la corresponsalía situada en el National Press Building. Le agradezco que me haya corregido mis textos mal escritos como bisoño reportero que era.

Recuerdo al legendario Fausto Fernández Ponte, fundador de la corresponsalía, quien me compartió los secretos del oficio y me brindó su generosa amistad, cuando era jefe de prensa del Banco Interamericano de Desarrollo.

En exclusiva, obtuve documentos de una investigación del Congreso estadunidense que indicaban el soborno de la empresa Lockheed a un general, director de la Fuerza Aérea Mexicana, a cambio de la compra de un avión.

La nota se publicó en Excélsior en 1976, pero sin mi firma por una decisión del subdirector Manuel Becerra Acosta porque consideró que mi seguridad podría correr peligro. El general Hermenegildo Cuenca Díaz, secretario de la Defensa Nacional, respondió que se trataba de una maniobra de la CIA para desestabilizar a México.

En cambio, en Venezuela en ese año dimitió el ministro de Defensa luego de que publiqué en El Nacional de Caracas una nota de un caso similar en ese país.

Tengo el privilegio de regresar a Washington, 45 años después, ahora como embajador jubilado.

Esta ciudad fue planeada para ser la capital de una gran potencia, inspirada en Roma. La arquitectura ofrece varios ejemplos: la sede del majestuoso Congreso estadunidense se denomina Capitol Hill, en homenaje al Capitolio, colina donde se asentó el poder político durante la antigua República romana.

Algunos edificios públicos de mármol blanco, a lo largo del gigantesco parque llamado Mall, ostentan el estilo neoclásico, como el Jefferson Memorial, con su cúpula que pretende imitar a la del Pantheon, el Monumento a Lincoln de estilo dórico, sin faltar el obelisco a Washington, como aquellos esbeltos monumentos que trasladaban de Egipto los romanos.

Washington proyecta la grandeza, el poder y el dominio de una República, que ahora lucha por retrasar su declive ante los retos mundiales de la seguridad, el desarrollo, la migración y el medio ambiente. Somos testigos privilegiados.

gutierrez.canet@milenio.com
@AGutierrezCanet

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