1. El libro del Génesis dice que Dios creó un sitio bucólico con plantas y animales de todo tipo para que Adán y Eva vivieran felices y despreocupados. Se ubica este sitio en Mesopotamia. El mito del Edén es más antiguo que la Biblia y es parte de los mitos fundacionales de la humanidad.
El Edén.
Me recuerda a esa canción popular que dice que “Tabasco es un edén”. Ciertamente lo es.
2. De las maravillas del mundo antiguo, se mencionan los Jardines Colgantes de Babilonia. Aunque no se tiene evidencia arqueológica de ellos, es probable que sí hayan existido, pero lo importante es su significado (más allá de su intención práctica): se trata quizá de un intento idílico por emular los ancestrales recuentos de este mítico lugar. Nunca lo sabremos. Pero la fascinación de estos jardines continuó y se manifestó desde entonces en muchas culturas.
3. Me dejo llevar plácidamente en la trajinera mientras bebo un Clamato preparado y contemplo las chinampas que estallan en huertos con toda clase de hortalizas y flores. El clima es templado y un cielo seminublado nos refresca. Medio intoxicado por el alcohol, pienso que este bien pudo haber sido el Edén de los Mexicas. Tiene todo para serlo. Claro, sin los mariachis, las trajineras saturadas de borrachos, la contaminación y los habituales ahogados.
4. Visité un jardín botánico. Muy bonito, con caminitos limpios y bien planeados, y todo ordenado de manera tal que la experiencia del recorrido resulta no sólo didáctica, sino relajante y, más importante: tranquilizante. Porque la vida en la ciudad imprime un estrés contundente y constante. La variedad de plantas es enorme y llega un punto en que vas olvidando los especímenes que viste al principio. A menos que seas biólogo o dueño de un vivero, para cuando concluye la visita no logras recordar más que unos cuantos arbustos y matorrales. Mire, ese lugar no es natural ni puede ocurrir en la naturaleza. Las plantas están allí reunidas con una intención un tanto extraña que genera un efecto a veces terapéutico, pero que al mismo tiempo confunde al querer integrar todos los ecosistemas del planeta en una cornucopia de clorofila con enervantes aromas a flores y a tierra mojada. Es alienante, es un zoológico de plantas esquizoide.
5. En el episodio de Star Trek, “Este lado del paraíso”, la tripulación explora un planeta con una planta que emite una espora que los hace sentir una euforia y sensación de bienestar perpetuo, obligándolos a luchar por decidir si se quedan a vivir la utopía creada por la droga o regresar a su normalidad. Me pregunto en qué tipo de utopía vivimos y si realmente nos damos cuenta de ello. Habrá que preguntarle al capitán Kirk cómo le hizo para resolver el problema.
6. Algunas de las columnas y arcos del segundo piso del Periférico están recubiertas con jardines verticales. De pronto me asalta una imagen postapocalíptica: estoy en una ciudad abandonada que va siendo lenta y progresivamente reclamada por la naturaleza. Esto de colocar jardines ectópicos en una ciudad no es un intento genuino por emular a la naturaleza ni tampoco por reconectarnos con ella, es para eludir el hecho contundente de que nuestra civilización se está desmoronando y necesitamos revestirla con algo que nos haga pensar que todo está bien. La ciudad entera es un mausoleo gigantesco, latente y carnívoro. Basta con ver los problemas de tráfico, de seguridad y de falta de planeación urbana para ver la crisis y caos que genera este tremebundo fracaso y colpaso de civilización.
Epílogo
La armonía que proyecta la utopía mítica del Edén sólo existe en nuestra imaginación, en los restos arqueológicos y en nuestros intentos por revivir un mito que está muy lejos de ocurrir. Lo que sí está sucediendo aquí y ahora es la culminación de un proceso de autodestrucción como nunca se había visto antes.
Por lo pronto me voy a comprar una planta de plástico y la voy a colocar al centro de la sala, para contemplar lo que verdaderamente representa la naturaleza en la gran ciudad.