Nexos

Sobre la destrucción

El camino de la apertura democrática incorporó al discurso mexicano distintas herramientas retóricas, tanto a nivel cupular como popular.

Por: Maruan Soto Antaki

Ilustración: Belén García Monroy, cortesía de Nexos

A lo largo de años, aprovechando la condición de mutabilidad e inmutabilidad del lenguaje, se crearon sinónimos donde la inexactitud ha sido frecuente. Legalidad y legitimidad aún requieren una explicación que obliga regresar a las bases de cada una para no caer en vacíos. Entró en desuso el pueblo y volvió a cobrar significancias entrado el siglo XXI. Población y ciudadano han perdido peso en la balanza ideológica, a pesar de ser imprescindibles para comprender y modificar las fallas de un Estado o de una sociedad. Por generaciones, el discurso sobre la destrucción del país ha sido tan reiterativo y proveniente de tantas voces, que apenas alcanza el agotamiento para desescucharlo. El verbo puede ser impreciso, pero la acción queda entendida. Escuchar algo que luego se elimina de los oídos. Cada uno de los ejemplos que se han transformado en lugar común ha pasado por una ruta similar, en la que el divorcio entre emisores y receptores de mensajes se ha encargado de pervertir el lenguaje político para transformarlo en dialecto. Se habla para que se escuche, se desescucha para eludir lo hablado.

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Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO, S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.
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