Ciudad de México /
Por Ángeles Mastretta
Ilustración: Gonzalo Tassier
Al final de este año voy a cumplir setenta. No sé cómo sobreviré a este desafío. Pero lo cuento porque yo vengo de un tiempo en el que conversar era un remedio para casi todo. Sin duda un conjuro contra la soledad. Así que hablo de lo que tantos querrían innombrable y tantos encontramos digno de pregón, porque la alternativa de esta edad es no tenerla y sólo la vida existe, lo demás lo inventamos.
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