Por: Eduardo Torre Cantalapiedra
Ilustración: Víctor Solís, cortesía de Nexos
Los académicos han hecho notar la existencia de remesas de carácter no monetario —remesas sociales—, por ejemplo, las transferencias de ideas, comportamientos, identidades, conocimientos y capital social que los migrantes adquieren durante sus estancias en otras partes del país o del extranjero a sus comunidades de origen. El potencial transformador de este tipo de remesas en las familias y comunidades de origen ha sido objeto de numerosas investigaciones. Por lo tanto, las remesas de dolor también merecen ser cuantificadas, y sus impactos analizados. En primer lugar, es necesario definirlas y caracterizarlas. Estas remesas reconocen que las migraciones producen con frecuencia sufrimiento a las comunidades de origen, especialmente a los familiares que se quedan atrás. Esto se hace especialmente patente en situaciones trágicas en las que un familiar pierde la vida en el camino o en el país receptor, ya sea por accidentes —como el acaecido en Chiapas— o por muerte violenta —como en el caso de las matanzas de migrantes como las de San Fernando o Cadereyta—.