Por: Máximo Ernesto Jaramillo-Molina
Ilustración: José María Martínez, cortesía de Nexos
Los precios de las viviendas en México han aumentado de forma constante durante estos mismos 16 años, a pesar de que la fuente principal de ingresos que hace posible su demanda son precisamente los salarios. En promedio, los precios de las viviendas subieron 42 %, una vez descontada la inflación. Tal aumento se puede desagregar por tipo de vivienda: 53 % de aumento en la vivienda media-residencial y 26 % en la económica-social —recordemos, esto es por encima de la inflación promedio—, de acuerdo con la clasificación de la Sociedad Hipotecaria Federal. En resumen, la vivienda promedio en México ahora es 98 % más cara, respecto de los salarios promedio, comparado con 2005. Pero si los ingresos no son suficientes para adquirir viviendas, ¿por qué sigue subiendo su precio? De forma extraña, la crisis económica derivada de la pandemia de covid-19 no detuvo la espiral de aumento de precios que, como se observa en la gráfica anterior, ha sido muy clara y acelerada a partir de 2014. Aunque la demanda de vivienda bajó durante la crisis, las inmobiliarias y los grandes propietarios prefirieron no vender (o tenerla vacía, sin inquilinos) en lugar de bajar los precios. En el mercado de la vivienda parecen no aplicar los supuestos del libre mercado de competencia perfecta, la oferta y la demanda.