Por: Alejandro Espinoza Tenorio y Nemer E. Narchi
Ilustración: Estelí Meza, cortesía de Nexos
La pandemia fue un golpe fuerte para la pesca, lo mismo que con todas las actividades productivas. A inicios de 2020 las actividades de la flota de pequeña escala se vieron afectadas por la contingencia sanitaria. En México, al ser un país preponderantemente católico, se vio severamente golpeado desde los primeros meses del confinamiento, sufriendo la reducción y posterior cese de sus actividades durante la cuaresma, que es la mejor época del año para pescadores y distribuidores de productos marinos. Se estima que el 90 % de los pescadores de algunas regiones de México llegaron a parar sus actividades y, en total, la industria pesquera disminuyó sus ventas en un 85 %.4 Este impacto fue significativo debido a diversos factores, incluyendo que los mercados disminuyeron o de plano cerraron, los precios de los pescados y mariscos se fueron a la baja, tuvieron problemas para distribuir y comercializar sus productos, y dejaron de pescar por los riesgos de salud que implica trabajar en espacios reducidos, como las pangas. Además, quedaron incomunicados en sus comunidades.