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Por qué los CEOS de las principales empresas están preocupados por el capitalismo

FT Mercados

Los directores ejecutivos de las grandes empresas de EU dicen que el capitalismo corporativo está en crisis. ¿Cuáles son sus propuestas para reformarlo?
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Cuando llegó el turno de Roger Williams de tomar el micrófono a principios de este mes, su pregunta para los directores ejecutivos del sector bancario, quienes formaban una fila ante el Comité de Servicios Financieros de la Cámara de Representantes de Estados Unidos (EU), parecía algo poco habitual para los siete financieros con trajes elegantes. 

“¿Eres un socialista o un capitalista?”, le preguntó el representante republicano de Texas a cada uno de ellos, desde Mike Corbat de Citigroup hasta David Solomon de Goldman Sachs. 

Ninguno tuvo problemas para asegurar su buena fe en el libre mercado, pero el simple hecho de que se hiciera la pregunta reflejó un cambio notable en los últimos meses en la discusión sobre negocios en Washington y más allá. 

El sistema de capitalismo corporativo de EU, que tiene décadas de antigüedad, súbitamente es sujeto de debate. Una de las razones es la creciente prominencia de los llamados socialistas democráticos, como Alexandria Ocasio-Cortez, miembro del comité de Roger Williams, que ha puesto en el centro de la atención a los críticos que alguna vez estuvieron fuera de la principal corriente política. 

Sin embargo, algunas de las voces más influyentes que piden un cambio son los mismos directores ejecutivos, quienes posiblemente son los más beneficiados con el modelo actual. Días antes de su aparición en la audiencia del Congreso, uno de los siete líderes bancarios ofreció algunos pensamientos más matizados sobre el capitalismo. 

Jamie Dimon, quien ganó 30 millones de dólares (mdd) como presidente y director ejecutivo de JPMorgan Chase el año pasado, dedicó varias páginas de su carta anual de 23,000 palabras a los accionistas a una reflexión sobre el “desgaste” del sueño americano, y el papel que los negocios podrían desempeñar en unirlo de nuevo.

El capitalismo sacó a miles de millones de personas de la pobreza, escribió, pero “esto no quiere decir que no tenga defectos, no se esté olvidando de algunas personas y que no debería mejorarse”. 

Las empresas —así como los gobiernos, los sindicatos y los grupos de intereses especiales— tal vez se volvieron demasiado egoístas, admitió, evitando lagunas en el código fiscal corporativo. Después de mucho tiempo de “literalmente pasar de largo” muchos de los problemas de la sociedad, ahora deberían hacer más para resolverlos, argumentó. EU necesitaba aumentar su gasto en áreas como infraestructura y educación, “y eso puede significar gravar más a los ricos”. 

En la misma semana, el multimillonario fundador del fondo de cobertura más grande del mundo dio un mensaje similar, con una advertencia más severa. Ray Dalio, de Bridgewater Associates (con un valor de casi 17,000 mdd según los cálculos de Bloomberg), argumentó que el sistema capitalista que abrazó como un novel inversionista de 12 años, ahora fortalece la desigualdad y debe “evolucionar o morir”. Parte de esa evolución, dijo en un manifiesto de casi 8,000 palabras, implicaría aumentar los impuestos para “la parte superior”. 

“Soy un capitalista, e incluso yo pienso que el capitalismo está roto”, dijo Dalio mientras tuiteaba su ensayo. Al ampliar el tema ante una audiencia masiva en 60 Minutes, el programa de televisión de actualidad de la CBS, dijo que el modelo económico estaba “en una coyuntura”. Los estadounidenses podrían reformarlo juntos, “o lo haremos en conflicto”.

Miedo al socialismo 

Pocos capitalistas han dicho públicamente que comparten el temor de Dalio a “alguna forma de revolución”, pero cada vez más de sus colegas hacen eco de sus preocupaciones sobre la desigualdad y la reacción populista que alimenta este sistema. 

La globalización y el cambio tecnológico “llevaron a que aumente el estrés y se reduzcan los estándares de vida para muchos; crearon una gran riqueza para unos cuantos”, escribió el director ejecutivo de Chubb, Evan Greenberg, en el último informe anual de la aseguradora.

¿Por qué ahora, 10 años después de la crisis financiera mundial; después de ver cómo los mercados de valores y las utilidades alcanzaron nuevos máximos, y de que un presidente republicano recortó las tasas de impuestos corporativos y las regulaciones, los principales capitalistas de EU suenan tan inquietos? Una respuesta, de acuerdo con algunos en el centro del debate, es el miedo.

 “Parte de lo que les asusta está en la política”, dice Darren Walker, presidente de la Fundación Ford de 13,000 mdd. “Los datos que muestran que las personas más jóvenes se sienten cada vez más cómodas con el socialismo como una forma de organizar la economía, son increíblemente aterradores para ellos”. 

De acuerdo con una encuesta que realizó la firma Gallup el año pasado, el porcentaje de estadounidenses de 18 a 29 años de edad que tienen opiniones positivas sobre el socialismo se mantiene estable en 51%, pero el porcentaje que dice estar a favor del capitalismo cayó de 68 a 45% desde 2010.

 General Electric y Honeywell son dos de las empresas que enumeraron el populismo y el sentimiento negativo hacia las multinacionales en la sección de “factores de riesgo” de sus presentaciones corporativas.

Sin credibilidad

 La carta de Dimon reconoció que a los líderes empresariales de EU “generalmente no se les ve con altos niveles de confianza”, y algunos de sus pares reconocen que pocos van a prestar atención a las recetas de personas que ganan cientos de veces el salario promedio de los empleados. 

Cualquier jefe que inicie una discusión sobre la desigualdad corre el riesgo de invitar a una discusión incómoda sobre su propia riqueza. Equilar, una consultora de remuneraciones de ejecutivos, calcula que el CEO promedio de una gran compañía de EU recibió 254 veces más que su empleado promedio el año pasado, mientras que aproximadamente 1 de cada 10 gana arriba de 1,000 veces más. 

El múltiplo de hace 40 años, de acuerdo con una investigación del Instituto de Política Económica de Estados Unidos, era de menos de 30. 

“El mismo Jesucristo no vale 500 veces el salario promedio de sus trabajadores”, dijo Abigail Disney, la cineasta, heredera de Disney y miembro de Patriotic Millionaires, a la CNBC a principios de este mes. 

Otro obstáculo para los reformadores es que no hay consenso en las empresas de que el modelo económico debe cambiar. Por cada iniciativa, como la Coalición para el Capitalismo Inclusivo de Lady Lynn Forester de Rothschild, hay un ejecutivo que todavía defiende el modelo de primacía del accionista que popularizó el economista de Chicago, Milton Friedman, en la década de 1970. 

Para Walker de la Fundación Ford, la prueba será cuánto aumenta la acción ahora, comparada con los momentos posteriores a la crisis financiera. “Es una buena noticia que algunos directores ejecutivos estén hablando de desigualdad. Ahora necesitamos que actúen”, dice.

Se muestra cautelosamente optimista, ya que ve un número creciente de líderes empresariales que están “dispuestos a hacer cosas que no están en sus mejores intereses a corto plazo, pero sí en los de su compañía y su país a largo plazo”. 

Impuestos para los ricos 

Se espera que la campaña electoral de EU en 2020 incluya una larga lista de candidatos con opiniones sólidas sobre el tema, como la senadora Elizabeth Warren, quien ha propuesto dividir a las grandes empresas y aplicar un “impuesto a la riqueza” a individuos con activos de más de 50 mdd. “Yo creo en los mercados, pero no en el robo”, ha dicho la demócrata. 

Por su parte, Howard Schultz, exjefe de Starbucks que piensa en una candidatura independiente, habla de una “creciente crisis del capitalismo”, incluso cuando ha cuestionado si otros candidatos tienen la experiencia empresarial para solucionarlo. 

Varios están probando mensajes sobre temas serios, como la orientación de las ganancias trimestrales, la recompra de acciones y el impuesto a las transacciones financieras, que rara vez salen a la luz en los debates presidenciales, pero este año encontraron una audiencia.




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