De cara al próximo año, Petróleos Mexicanos (Pemex) continuará siendo uno de los principales riesgos para las finanzas públicas nacionales; esto por el apoyo que el gobierno federal continúa otorgando, dijo la firma Emerging Markets Political Risk Analysis (Empra).
En un análisis sobre el escenario de riesgos para el país, detalló que la persistente subinversión, la limitada participación privada y las cambiantes prioridades políticas han debilitado la capacidad operativa de Pemex, socavando los ingresos fiscales, los balances externos y la confianza en el ecosistema energético en general.
“La compañía continúa requiriendo un apoyo fiscal sustancial a pesar de la ausencia de un plan creíble para estabilizar la producción de petróleo, contener las pérdidas de refinación o fortalecer la gestión interna y la rendición de cuentas”, indicó Empra.
Refirió que el objetivo de la autosuficiencia, promovido por la administración anterior, está lejos de ser alcanzable, ya que México importa aproximadamente el 46 por ciento del combustible que consume.
Asimismo, el país depende de Estados Unidos para aproximadamente el 70 por ciento de su demanda de gas natural y enfrenta niveles de producción de petróleo que se acercan a un umbral crítico.
“Con una deuda financiera total de aproximadamente 100.3 mil millones de dólares, Pemex representa un pasivo contingente creciente en lugar de un activo estabilizador para el Estado mexicano”, apuntó la firma.
Relaciones EU-México en fase crítica e incertidumbre del T-MEC
Empra destacó que las relaciones bilaterales entre México y Estados Unidos han entrado en una fase más adversa y volátil, impulsada no solo por las diferencias ideológicas entre la presidenta Claudia Sheinbaum y el presidente estadounidense Donald Trump.
Sino también por una recalibración más amplia de la proyección de poder de Estados Unidos en el hemisferio occidental.
Apuntó que este realineamiento geopolítico sin duda impactará la revisión del Tratado México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC) en julio de 2026.
Ya que este cambio marca un giro estructural en la postura de Washington hacia la región, donde las preocupaciones sobre seguridad, migración y comercio prevalecen cada vez más sobre la diplomacia tradicional.
“En consecuencia, es cada vez más probable que la revisión del T-MEC sirva a Washington como un instrumento de presión más amplio”.
“La administración estadounidense vinculará el acceso a los mercados, la estabilidad arancelaria y la gestión de disputas con la alineación con las prioridades regionales de Estados Unidos, incluyendo la cooperación en seguridad, la aplicación de la normativa migratoria y la política energética”, apuntó la firma.
rdr