México tiene el talento y la infraestructura para jugar en las grandes ligas de la biotecnología pero carece de poder convertir esas capacidades en inversión, investigación y producción, de acuerdo con la Asociación Nacional de Fabricantes de Medicamentos (Anafam).
En el conservatorio “Biotecnología, investigación y propiedad intelectual desde el Plan de México”, celebrado en el Senado de la República, Jaime López de Silanes, director de la asociación, planteó aprovechar el Plan México para empujar una industria farmacéutica con mayor capacidad de investigación, producción nacional y desarrollo tecnológico.
Destacó que la oportunidad existe, pero necesita condiciones para que el capital apueste por ella.
“La investigación científica de alto nivel debe ser vista como la inversión más rentable para garantizar la soberanía, el desarrollo económico y el bienestar social”, señaló.
El negocio está en los biosimilares
El director de Anafam indicó que uno de los principales retos está en desarrollar biogenéricos y biosimilares, medicamentos que pueden ampliar el acceso a terapias de alta especialidad, particularmente, en enfermedades como el cáncer.
Lo anterior derivado de que la asociación ve que México no puede limitarse a consumir este tipo de medicamentos.
Señaló que la apuesta es construir capacidades nacionales para investigarlos, desarrollarlos y producirlos.
Y precisó que uno de los pendientes es conectar a las instituciones públicas, universidades y empresas para formar verdaderos ecosistemas de investigación.
Agregó que también quiere que el Plan México sirva como plataforma para atraer inversión hacia la investigación clínica y preclínica, además de impulsar clústeres especializados.
Sin certeza, no hay inversión
López de Silanes subrayó que México necesita un marco de propiedad intelectual sólido, certidumbre legal y regulación eficiente.
Indicó que es necesario proteger la innovación y dar confianza a los inversionistas, pero también evitar que los genéricos y biosimilares enfrenten obstáculos para llegar al mercado.
“Un marco de propiedad industrial sólido, sumado a la certidumbre legal y regulatoria, es el catalizador indispensable para generar confianza, atraer nuevas inversiones estratégicas y favorecer la transferencia tecnológica”, definió López de Silanes.
MRA