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Domingo , 19.05.2019 / 16:17 Hoy

López Obrador ve luz en medio de la oscuridad

FT Mercados

La credibilidad del gobierno mexicano está en duda, pero esto no detiene al presidente para prosperar en la adversidad.
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Para el nuevo gobierno nacionalista de izquierda de México el momento fue terrible. El 8 de marzo, un día después de que Venezuela sufrió un gran apagón, una serie de lugares turísticos mexicanos de moda, entre ellos Cancún, Tulum y Playa del Carmen, se quedaron en la oscuridad.

Y después volvió a ocurrir. Y una vez más. El 5 de abril, un corte de electricidad en la Península de Yucatán —que afectó a 1.6 millones de clientes de la compañía estatal de electricidad y a los vacacionistas en hoteles y centros turísticos de lujo, como el Club Med— apagó el aire acondicionado, los servicios de teléfono y los semáforos. Los turistas, irritados, exigían reembolsos a través de Twitter. 

A los detractores del presidente Andrés Manuel López Obrador les encanta sugerir que va a llevar a México inexorablemente a la ruina socialista al estilo de Venezuela. Aquí, para ellos, había una prueba concreta de que la transformación que prometió el presidente de 65 años de edad estaba condenada al fracaso. 

Vergonzosamente, parte de una de las conferencias de prensa diarias de López Obrador, fue víctima de un apagón en la Ciudad de México a finales de marzo. Un par de días antes, tuve que cenar a la luz de las velas, después de que la electricidad en mi vecindario se fue repentinamente. Los agoreros se precipitan: después de todo, el presidente solo ha estado cinco meses en el cargo y los cortes de electricidad, incluso en zonas vacacionales, han ocurrido antes.

 Como un colaborador de un foro en TripAdvisor, el sitio web de reseñas turísticas, aconsejó a los turistas el mes pasado: “La red eléctrica en esta región no es a lo que acostumbran en Estados Unidos”.

 El gobierno minimizó arduamente las sugerencias de que los apagones se debieron a que se tambalea el sistema, en su lugar, culpó a los agricultores por quemar caña de azúcar debajo de las líneas de transmisión.

 Pero se multiplican las señales de que el gobierno podría estar encubriendo algo, subestimando o incluso creando problemas en su carrera por cumplir las extensas promesas de transformación de la segunda mayor economía de América Latina, y poner en marcha el crecimiento como bandera.

Tomé como ejemplo los nuevos planes de López Obrador para el Aeropuerto Internacional de México. 

Después de desechar el proyecto de un aeródromo de 13,000 millones de dólares con un avance de un tercio de su construcción, incluso antes de que asumiera el cargo. El mandatario inició hace dos semanas los trabajos preliminares para actualizar la base militar de Santa Lucía, a fin de que funcione en paralelo con el actual Aeropuerto de la Ciudad de México. 

Él insiste en que Santa Lucía será 100,000 millones de pesos más barato que la terminal aérea que se descartó y que diseñó Norman Foster. Pero la credibilidad del gobierno fue puesta en duda luego de que se filtró un informe de la Secretaría de Defensa, en el que se subrayan los cambios necesarios en el trazado de las pistas, porque los ingenieros no tomaron en cuenta un cerro cercano. 

El gobierno negó rápidamente que el costo del aeropuerto aumentaría 12%, como se informó, pero persisten las dudas sobre la factibilidad de todo el proyecto. José María Riobóo, un ingeniero cercano al mandatario y defensor acérrimo del proyecto, dijo el año pasado a un programa de televisión, que no había peligro de colisiones si los dos aeropuertos operaban simultáneamente, porque las aeronaves “se repelen automáticamente”.

 Al igual que otros proyectos favoritos del presidente, como un enlace ferroviario a través del Istmo de Tehuantepec, una línea de tren alrededor de la península de Yucatán o una nueva refinería, aún no están disponibles los estudios técnicos completos, las evaluaciones de impacto ambiental ni los planos de ingeniería. 

Antonio del Valle, presidente del Consejo Mexicano de Negocios, me dijo recientemente que a pesar de la buena voluntad empresarial, “no hay proyectos claros para invertir”. Aunque hay grandes planes, los proyectos no se han detallado. 

Sin desanimarse, López Obrador se niega a ver obstáculos y manda a segundo plano a quien piense lo contrario. Pero a pesar de las promesas de transparencia del gobierno, en un estudio que llevó a cabo el centro de expertos México Evalúa, se encontró que 78% de los contratos otorgados hasta el momento fueron por adjudicación directa en lugar de licitaciones, algo que no representa una ruptura con el pasado. 

Eso no parece preocupar a un presidente que prospera triunfando en la adversidad. De hecho, ya se siente reivindicado: Larry Fink, director de BlackRock, está organizando una conferencia de inversionistas en México y le dijo a López Obrador que “estamos listos para asociarnos” en proyectos de infraestructura. 

“Ya ven”, alardeó López Obrador. “Vamos muy bien”.



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