Para Citigroup, las últimas semanas no han sido amables. Poco antes de Navidad, el banco estadounidense tuvo que desembolsar 11.5 millones de dólares (mdd) por un sistema defectuoso de alimentación de datos.
Durante cuatro años consecutivos el sistema informático de Citi arrojó información no precisa o incompleta sobre 1,800 acciones para sus vendedores. En los peores casos, los agentes de Citi le dijeron a los inversionistas que las compañías tenían una calificación de “compra” cuando en realidad se consideraban para “venta”.
Una semana después, la Oficina para el Control de la Moneda (OCC, por sus siglas en inglés) golpeó a Citi con una multa de 70 mdd por un asunto diferente. Dijo que el banco no llegó a resolver sus problemas con los programas sobre el lavado de dinero, a pesar de firmar una orden de mutuo acuerdo en la que prometía hacerlo en 2012.
El banco dice que no puede discutir los detalles, pero los procesos contra el lavado de dinero de Citi al día de hoy todavía no cumplen los requisitos.
Para empeorar las cosas, los líderes del banco también estimaron que sus utilidades van a recibir un golpe de 20,000 mdd por la nueva ley fiscal en Estados Unidos (EU), un golpe mucho más grande en comparación con el que recibió la mayoría de sus competidores en Wall Street.
Respecto de los casos de ejecución, los dos más recientes son pequeños. Las multas son diminutas cuando se comparan con los miles de millones de dólares que desembolsaron los grandes bancos por manipular las tasas de préstamos interbancarios y las referencias de divisas.
El caso del analista que presentó Finra, el regulador de la industria, incluye 6 mdd en compensación a clientes por la venta equivocada de acciones, y el costo real podría ser mucho menor. Por su parte, el caso de la OCC no incluye ninguna acusación de que en realidad hubiera ocurrido lavado de dinero.
Pero la última multa de Citi se produce apenas ocho meses después de que pagó 100 mdd al admitir que no implementó controles efectivos sobre las transferencias internacionales entre México y una de sus filiales con sede en California, Banamex USA.
En conjunto, la reciente serie de problemas pone en duda la capacidad del banco para mantener correctamente los asuntos básicos de control. Eso no es una preocupación pequeña, teniendo en cuenta que Citi requirió de un rescate de 45,000 mdd con dinero de los contribuyentes durante la crisis financiera de 2008 y no pasó las pruebas de estrés de la Reserva Federal de EU en 2014.
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En cierto modo, es injusto señalar solo a Citi. En los últimos años, la OCC también multó a JPMorgan Chase y HSBC por no cumplir con los términos de las órdenes de mutuo acuerdo anteriores.
Y el golpe de 20,000 mdd a las utilidades es, en gran medida, un problema contable: los resultados de Citi se tomaron en cuenta en sus planes para utilizar sus grandes pérdidas durante la crisis para reducir los impuestos que tiene que pagar sobre las ganancias futuras.
Ahora que las tasas de impuestos corporativos van a ser más bajas, el valor de esa deducción disminuyó significativamente.
Citigroup recorrió un largo camino desde los días oscuros de 2008 o, incluso, de 2014. El banco aprobó las pruebas de 2016 con mucho éxito, y en julio estableció un plan para devolver 60,000 mdd a los accionistas en dividendos y recompras de acciones en los próximos tres años.
En otro hito importante, Citi fue el primero de todos los bancos realmente grandes de EU en conseguir la aprobación regulatoria de su llamado testamento vital, el plan que muestra cómo podría acabar en una crisis sin requerir el respaldo de los contribuyentes.
El portavoz del banco, Mark Costiglio, aclara el asunto: “Desde cualquier punto de vista, Citi se convirtió en una firma más simple y sólida que antes de la crisis… En los últimos cuatro años, agregamos más de 9,000 empleados que se dedican a mejorar el cumplimiento y los controles en toda la empresa y seguimos invirtiendo en sistemas para prevenir el lavado de dinero y proteger la integridad del sistema financiero”.
Pero la ráfaga de pequeños problemas llega en un momento crítico para los grandes bancos de EU, después de casi una década de proporcionar una supervisión rigurosa.
Los grupos de consumidores y los críticos de la industria, que recuerdan que a la última gran relajación regulatoria le siguió una crisis financiera, se muestran mucho menos optimistas.
Si los bancos como Citi todavía hacen mal las cosas después de una década de inversión, ¿qué va a pasar si dejan de sentir presión para invertir? Tal vez este es el momento en que los inversionistas deberían empezar a preocuparse por las cosas pequeñas.
