Cuando el árbitro marque el silbatazo final de la Copa del Mundo de 2026 este domingo no sólo concluirá un torneo que rompió récords de asistencia, patrocinadores e ingresos, también terminará el mayor escaparate de la gestión de Gianni Infantino, el abogado suizo que llegó a la presidencia de la FIFA prometiendo limpiar al organismo de la corrupción y que, diez años después, deja una institución más rica, más poderosa y con controversias.
La Copa del Mundo de 2026 concluye como el torneo más rentable en la historia de la FIFA, con ingresos previstos por alrededor de 9 mil millones de dólares, impulsados por la expansión comercial, el aumento de patrocinadores, la venta de derechos audiovisuales y un mayor número de partidos.
Sin embargo, incluso en la recta final del torneo el organismo enfrentó nuevos cuestionamientos; por ejemplo, el Tribunal Regional de Fráncfort concedió una medida cautelar solicitada por la plataforma TICOMBO al considerar que algunos mecanismos de venta de boletos para el Mundial podrían afectar derechos de los consumidores.
Aunque el procedimiento está dirigido contra la FIFA como institución, la resolución contempla posibles sanciones para el presidente Gianni Infantino y el secretario general Mattias Grafström en caso de incumplimiento.
El abogado que transformó el negocio del futbol
Nacido el 23 de marzo de 1970 en Brig, Suiza, dentro de una familia de origen italiano, Gianni Infantino estudió Derecho en la Universidad de Friburgo y comenzó su carrera en organismos deportivos internacionales antes de incorporarse a la UEFA, donde llegó a ocupar la Secretaría General.
Su ascenso a la presidencia de la FIFA ocurrió en febrero de 2016, tras la salida de Joseph Blatter, en medio del mayor escándalo de corrupción que ha enfrentado el organismo y después de que decenas de dirigentes fueran investigados por autoridades de Estados Unidos y Suiza.
Ante las 209 asociaciones miembro, Infantino presentó una propuesta basada en una promesa económica: incrementar los recursos para las federaciones nacionales mediante un mayor crecimiento del negocio del futbol.
“El dinero de la FIFA es su dinero”, afirmó durante su campaña.
Desde entonces impulsó una transformación sin precedentes en las competencias internacionales. Amplió la Copa Mundial masculina de 32 a 48 selecciones a partir de 2026; el Mundial Femenino crecerá de 32 a 48 equipos desde 2031 y creó una nueva Copa Mundial de Clubes con 32 participantes, un torneo diseñado para generar nuevas fuentes de ingresos mediante más partidos, nuevos patrocinadores y mayores derechos comerciales.
La estrategia convirtió a la FIFA en una de las organizaciones deportivas con mayores ingresos del mundo y consolidó a Infantino como uno de los dirigentes más influyentes de la industria deportiva internacional.
Las investigaciones
Aunque Gianni Infantino no es acusado penalmente, durante su presidencia enfrentó investigaciones judiciales que pusieron bajo escrutinio su gestión.
En 2020, un fiscal extraordinario de Suiza abrió una investigación penal por las reuniones no registradas que el presidente de la FIFA sostuvo con Michael Lauber, entonces fiscal general del país, mientras avanzaban las investigaciones sobre corrupción dentro del organismo.
Las autoridades analizaron posibles delitos relacionados con abuso de autoridad, violación del secreto oficial y favorecimiento de infractores. En 2023, dos fiscales extraordinarios archivaron definitivamente el caso al concluir que no existían pruebas suficientes para presentar cargos penales contra Infantino.
Ese mismo año también fue archivada otra investigación relacionada con el uso de un vuelo privado financiado por la FIFA, al determinar las autoridades que no existían elementos para ejercer acción penal.
Aunque ambos procedimientos concluyeron sin cargos, representaron uno de los episodios de mayor presión judicial para el dirigente desde su llegada al máximo organismo del futbol.
El poder fuera de la cancha
Otro de los rasgos que definen la administración de Infantino es su estrecha relación con distintos líderes políticos.
Uno de los casos más visibles es su cercanía con el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, con quien sostuvo reuniones públicas y privadas en el contexto de la organización del Mundial de 2026.
La FIFA estableció además una oficina en la Torre Trump de Nueva York como parte de sus operaciones para el torneo.
La relación generó críticas de organizaciones como FairSquare, que presentó denuncias ante el Comité de Ética de la FIFA y posteriormente ante el Comité Olímpico Internacional al considerar que esa cercanía podría comprometer el principio de neutralidad política del organismo. Infantino ha rechazado esos señalamientos.
El dirigente también fortaleció vínculos con otros mandatarios, entre ellos el presidente argentino Javier Milei, con quien ha sostenido reuniones públicas en foros internacionales y encuentros institucionales relacionados con el desarrollo del futbol.
Las decisiones que dividieron al futbol
Las controversias de la era Infantino no se limitan al ámbito político.
Su defensa de Qatar como sede del Mundial de 2022 generó críticas de organismos internacionales por las condiciones laborales de trabajadores migrantes y las restricciones a derechos civiles en el país anfitrión.
Más recientemente, la designación de Arabia Saudita como sede de la Copa del Mundo de 2034 volvió a colocar a la FIFA bajo presión por parte de organizaciones como Human Rights Watch y Amnistía Internacional, que cuestionaron el proceso y pidieron mayores garantías en materia de derechos humanos.
A ello se suman las críticas de ligas, clubes y sindicatos de futbolistas por la ampliación del calendario internacional y la creación del nuevo Mundial de Clubes, al considerar que incrementa la carga física de los jugadores y prioriza el crecimiento comercial del futbol.