Después de la mayor oferta pública inicial de la historia, ¿por qué no la mayor adquisición? Desde que SpaceX salió a bolsa a finales de la semana pasada, Wall Street especula con la posibilidad de una unión con Tesla, que desde hace mucho tiempo se considera como algo probable, será el siguiente paso. Pero si el acuerdo se concreta, probablemente no será por las razones habituales.
La posible combinación se percibe como una convergencia industrial inevitable de los diversos intereses empresariales de Elon Musk, con la inteligencia artificial (IA) como el pegamento que une todo. Pero si esa es la razón para combinar cohetes espaciales, vehículos eléctricos, robots humanoides y una red social bajo un mismo techo, casi cualquier conjunto de activos puede encajar en un conglomerado de la nueva era.
En las empresas que en conjunto conforman el universo Musk, por otro lado, siempre ha existido una fuerza dominante que impulsa la sinergia: aquello que más le importa en cada momento. Por ejemplo, no ha sido necesaria una fusión total para que Tesla y SpaceX unan fuerzas en importantes proyectos estratégicos. Estos incluyen la inversión en una planta de fabricación de chips o la colaboración en la creación de una plataforma de IA empresarial.
¿Sería más fácil si todo se desarrollara dentro de una misma entidad corporativa? Probablemente. Pero la estructura de propiedad no ha sido un impedimento hasta ahora. Más bien, otras consideraciones son más importantes para determinar la probabilidad y el momento de cualquier unión, si nos guiamos por el historial de Musk en acuerdos.
La pregunta principal es qué arreglo de activos corporativos tiene más sentido financiero en términos de maximizar el precio de las acciones y facilitar la recaudación de capital. La adquisición de SolarCity por parte de Tesla y la de la antigua Twitter por parte de xAI fueron ejemplos en los que Musk utilizó empresas más sólidas para adquirir negocios en dificultades.
Las necesidades de inversión de Tesla aumentan, algo que provoca que su flujo libre de efectivo sea negativo este año y agrava la presión financiera en el universo Musk. La pregunta es: ¿preferirá Wall Street una acción de Musk o dos?
En el periodo previo a la salida a bolsa de SpaceX existía la preocupación de que las acciones de Tesla se vieran afectadas, de que los inversionistas llegaran a vender sus participaciones en un vehículo de Musk para respaldar otro. Sin embargo, el mercado demostró interés por ambos. Las acciones de Tesla ya bajaron en lo que va del año, pero se encuentran dentro del 20 por ciento de su máximo histórico.
El negocio de Tesla está bajo presión, algo que tal vez le dio a Musk una razón más sólida para integrarlo en SpaceX. Pero el elevado precio de las acciones del fabricante de autos ahora refleja sus perspectivas como empresa de robótica, cuyo futuro está ligado a los robotaxis y los robots humanoides.
La pregunta es si los inversionistas valorarán más los negocios de Musk si estuvieran integrados en una compañía en lugar de dos. Si unir Tesla y SpaceX se interpreta como un reconocimiento de que se estaba quedando sin margen de maniobra en el mercado de vehículos eléctricos, podría considerarse una señal de debilidad. Esto generará una batalla entre dos poderosas fuerzas del mercado bursátil: la prima que Wall Street otorga a las empresas controladas por Musk frente al descuento que aplica a los grandes conglomerados.
Otro factor es si refuerza el poder y la flexibilidad de Musk. Desde esta perspectiva, integrar parece una decisión que no se piensa dos veces.
El control de voto que ejerce gracias a la clase especial de acciones B del grupo de cohetes e IA, junto con protecciones de gobernanza adicionales, lo colocan en una posición sólida. Una forma de evitar que ese poder se diluya con una fusión mediante intercambio de acciones con el fabricante de automóviles será que SpaceX utilizara una tercera clase de acciones C, sin derecho a voto, que tiene la potestad de emitir.
La salida OPI de SpaceX es una muestra del dominio de Musk, quien desde hace mucho tiempo quiere tener más control sobre el fabricante de vehículos eléctricos, como quedó patente en su polémico tuit de 2018 en el que afirmaba “considerar volver privada a Tesla, con el financiamiento asegurado”. Si la integrara en SpaceX, conseguiría la siguiente mejor opción.
Esto no garantiza que el acuerdo no se tope con una oposición. Luego de trasladar el registro mercantil de Tesla a Texas, Musk tiene mayor libertad de acción, pero los accionistas aún tendrán que respaldar cualquier acuerdo.
Musk estaría involucrado en ambas partes de cualquier transacción, pero con una participación económica de alrededor de 40 por ciento en SpaceX, el doble que en Tesla, parece tener un claro incentivo para favorecer a una de las partes. Si las acciones de SpaceX mantienen la tendencia alcista, impulsando su valor como moneda de cambio en caso de adquisición, esto también lo alentará a actuar lo antes posible. Muchos inversionistas parece que ya están acostumbrados a la idea de una unión tan grande. El momento oportuno, y la prima de Tesla, serán cruciales.