Cuando los ingenieros de Renault comenzaron a estudiar si el grupo automotriz francés debía incursionar en el sector de los drones, desmontaron equipos de varios fabricantes para entender cómo estaban construidos.
Pronto encontraron procesos muy alejados del mundo automotriz: innumerables tornillos pequeños, materiales de altas especificaciones y métodos difíciles de escalar. Si querían producir drones en volúmenes mucho mayores y a menor costo, como parte del esfuerzo de rearme de Francia y otros países europeos, había que simplificar.
“Pensamos: ¿no sería buena idea hacer esta pieza de fibra de carbono en plástico?”, dijo Jean-Philippe Billai, responsable de excelencia industrial de Renault. “De otro modo, el proceso es largo y complicado a gran escala, mientras que con plástico se pueden fabricar moldes y obtener las piezas mucho más rápido”.
Renault es una de varias automotrices que buscan alianzas en defensa, junto con General Motors y Volkswagen. Proveedores como Continental, Forvia, Valeo y Schaeffler siguen el mismo camino, ya sea para diversificarse ante la débil demanda o responder al llamado de sus gobiernos para acelerar la fabricación nacional de armamento.
La carrera armamentista
La apuesta de Renault es llevar a los drones técnicas de producción masiva perfeccionadas por una industria que fabrica decenas de millones de vehículos al año y que ha aprendido a reducir costos y acelerar procesos.
En una alianza con Thales, especialista francesa en electrónica de defensa, Renault producirá los drones Toutatis y multiplicará por 100 la producción actual, hasta mil unidades mensuales a plena capacidad. La fabricación arrancaría en 2027.
Los Toutatis son municiones merodeadoras con una ojiva capaz de destruir vehículos blindados o atacar a la infantería, y sistemas para evadir interferencias. Renault y Thales sometieron los diseños a ingeniería inversa para “no solo dividir los costos, sino también dividir la complejidad”, explicó François Provost, CEO de Renault.
él dice...“No queremos reinventar la rueda
Solo reutilizar lo que sabemos hacer bien para entrar en un nuevo sector”, Rémy Triouleyre, Responsable del negocio europeo de Schaeffler.
El modelo rediseñado tendrá 20 por ciento menos piezas y 40 por ciento menos elementos de fijación. Simplificar el cableado del “interior bastante abarrotado” del dron también representó un cambio radical, según Cécilia Aguero, directora de sistemas de drones de Thales.
Renault también trabaja con Turgis Gaillard en Chorus, un dron de mayor tamaño capaz de competir con un misil de largo alcance. La agencia francesa de adquisiciones de defensa calcula que cada unidad costaría 100 mil euros, frente a alrededor de 1 millón de euros o más para sistemas comparables. Las empresas pretenden alcanzar una capacidad de 600 unidades mensuales.
La competencia se ha intensificado a medida que las guerras en Ucrania e Irán muestran hasta qué punto los drones se han vuelto centrales en los conflictos armados, obligando a actualizar diseños con rapidez y reducir costos.
TAF Industries, uno de los principales productores de drones de Ucrania, multiplicó por ocho su capacidad desde 2023, hasta 80 mil unidades mensuales, según su fundador, Oleksandr Yakovenko. Parte del avance proviene de simplificar diseños con retroalimentación desde el frente para “eliminar funciones innecesarias”.
Un cadena resiliente
Los gobiernos europeos también quieren garantizar una producción rápida y a gran escala. A diferencia de las municiones convencionales, no buscan acumular enormes reservas: la guerra en Ucrania ha demostrado que el software y la tecnología deben actualizarse con frecuencia para evitar la obsolescencia.
Schaeffler, fabricante alemán de componentes automotrices, firmó en junio un acuerdo con Delair, proveedor del ejército francés y fabricante de drones, para acelerar su capacidad industrial. La meta es pasar de 10 a 100 drones e interceptores al día para noviembre.
“No queremos reinventar la rueda. Solo queremos reutilizar lo que sabemos, lo que hacemos bien, y utilizarlo para entrar en un nuevo sector”, dijo Rémy Triouleyre, responsable del negocio europeo de Schaeffler. “Necesitas una cadena de suministro resiliente, buenos productos y una buena infraestructura de fabricación. Todos esos son retos que hemos enfrentado durante décadas en la industria automotriz”.
Aun así, fabricantes de autopartes y automotrices avanzan con cautela. La demanda masiva apenas comienza a consolidarse y los volúmenes siguen siendo pequeños frente a su negocio principal.
Renault, impulsada por el Estado francés —uno de sus accionistas— a explorar el sector, asegura que solo emprenderá proyectos en los que pueda aportar escala y que mantendrá reducidos los ingresos procedentes de defensa. También enfrenta presión en su negocio automotor: busca recortar 40 por ciento los costos de producción de vehículos eléctricos y reducir su desarrollo de tres o cuatro años a dos para competir con sus rivales chinos. Algunos sindicatos, entre ellos la CGT, se oponen al giro hacia defensa.
Chorus ya despertó el interés de Ucrania. Patrick Pailloux, director de la agencia francesa de defensa, dijo que los diseños y métodos podrían exportarse bajo licencia.
“No van a encontrar muchos drones con esas especificaciones y a ese costo en el mercado, desarrollados con una automotriz y con costos de componentes propios del sector de los automóviles”, afirmó.
AAL