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¿Por qué la economía es resiliente, pese a los aranceles?

Las tarifas impuestas por Trump provocaron com­ple­jos a­jus­tes comerciales: las exportaciones estadunidenses y chinas alcan­za­ron nue­vos máxi­mos, mientras la IA empuja el intercambio global

En definitiva, el año pasado el comercio no murió, pero cambió de maneras complejas, algunas temporales (como el adelanto de las importaciones estadunidenses en respuesta a la amenaza de altos aranceles), otras permanentes (como la disminución del comercio entre Estados Unidos y China) y otras intermedias (como el auge del comercio relacionado con la IA). Sin embargo, el intercambio mundial de bienes, los productos a los que se dirigen los impuestos, se muestra sólido, según el informe Geopolítica y geometría del comercio mundial: actualización de 2026, una evaluación preliminar de McKinsey Global Institute.

El informe destaca cinco aspectos importantes de lo que ocurrió en 2025. En primer lugar, las exportaciones estadunidenses y chinas alcanzaron nuevos máximos, mientras que el comercio también creció más rápido que la economía global. La dirección del comercio cambió, pero más desde lo que McKinsey denomina socios comerciales “geopolíticamente distantes” —en particular EU y China— que desde aquellos “geográficamente distantes”. La Unión Europea perdió participación en los mercados chinos. Sin embargo, India destacó por un aumento en la distancia geográfica del comercio debido al rápido incremento de los envíos de smartphones a EU.

En segundo lugar, los envíos relacionados con la IA se convirtieron en el motor más potente del comercio de bienes, con un aumento de 40 por ciento entre 2024 y 2025 en el valor de los envíos de microprocesadores y equipos para centros de datos. Las exportaciones relacionadas con la inteligencia artificial representaron un tercio del crecimiento del comercio mundial, ya que los centros asiáticos —Taiwán, Corea del Sur y partes del sudeste asiático— abastecieron a los mercados de todo el mundo, sobre todo a EU. Los controles tanto a las exportaciones como a las importaciones de algunos de estos equipos limitaron el crecimiento del comercio chino relacionado con la IA a 16 por ciento. En el informe se argumenta que el rápido crecimiento de la capacidad relacionada con la IA seguirá impulsando el comercio mundial en 2026.

En tercer lugar, “China amplió su papel como ‘fábrica para las fábricas’”. Si bien sus exportaciones directas a EU fueron blanco de ataques, China aumentó las exportaciones de maquinaria e insumos a otros países, sobre todo a sus vecinos, algunos de los cuales pudieron reemplazar las exportaciones chinas a Estados Unidos. En muchos otros casos, señala McKinsey, sus exportaciones de piezas y maquinaria no estaban vinculadas a la compensación de las ventas perdidas a EU. En vez de eso apoyaron la expansión de la capacidad de fabricación en terceros mercados, particularmente en economías emergentes. Esto consolidó el papel de China como proveedor de insumos para la producción, en lugar de como exportador de bienes finales. Las exportaciones chinas de bienes intermedios y de capital aumentaron 223 mil millones de dólares en 2025, compensando una reducción de 130 mil millones en las exportaciones a EU.

En cuarto lugar, los aranceles provocaron complejos reajustes comerciales. Causaron un adelanto temporal de las importaciones. El comercio directo entre Estados Unidos y China se redujo 30 por ciento en 2025. Sin embargo, EU compensó dos tercios de las importaciones perdidas con compras a otros exportadores, mientras que los fabricantes chinos de bienes de consumo, como coches eléctricos y juguetes, redujeron sus precios 8 por ciento para encontrar nuevos compradores. Las exportaciones de los países de la Asean prosperaron en este nuevo contexto. Mientras, según McKinsey, las empresas europeas se enfrentaron a una doble presión derivada de la desviación de las exportaciones chinas y de los aranceles más elevados sobre sus exportaciones.

Por último, si bien la irracionalidad de los aranceles dificultó la vida de productores y comerciantes en todo el mundo, hubo factores compensatorios útiles. Uno de ellos fue que Trump prometía más de lo que en realidad hacía. Al final, como señala Richard Baldwin del IMD en Lausana en su Substack “¿Por qué los aranceles no arruinaron el sistema de comercio mundial?” no cumplió con todas sus amenazas.

Sus acciones no provocaron un ciclo de represalias contra Estados Unidos ni la imitación del agresivo rechazo estadunidense a los compromisos y normas de la OMC. El sistema comercial enfrenta otros grandes retos, en particular el enfoque mercantilista de China hacia las exportaciones. Pero EU, con sólo 14 por ciento de las importaciones mundiales, no representa una gran amenaza. Ni siquiera EU y China juntos, con 25 por ciento del comercio mundial entre ambos, son una gran diferencia, como señala Baldwin en “¿Cómo salvaron el sistema los exportadores del 75 por ciento?” en Substack, el resto del mundo decidió seguir comerciando porque depende de eso.

Existe una gran cantidad de ruina en el comercio mundial, como nos habría dicho Adam Smith. Pero aún puede haber límites. ¿El auge de la IA va a estallar este año? ¿El impacto de la guerra de Trump contra Irán en 2026 superará el daño causado por su guerra de aranceles en 2025? ¿Acabará el cierre de facto del Golfo a las exportaciones de petróleo, gas y otros productos esenciales causando más daño del que podemos manejar? Sospecho que no. Parece probable que, por muy mal concebida y mal ejecutada que sea esta guerra, Trump encuentre la manera de proclamarse vencedor y ponerle fin. Por supuesto que para la mayoría puede ser obvio que perdió. ¿Pero eso le avergonzaría? Probablemente no: no admite el fracaso.

Lo que ahora está mucho más claro es que EU ya no es un líder mundial creíble. Si puede elegir a este hombre dos veces, perdió el rumbo. ¿Por qué no elegiría a alguien aún peor? Un país así es incapaz de proporcionar una hegemonía global confiable. Lo que proporciona, en cambio, es una fuerza destructiva impredecible. Tampoco existe un sustituto verosímil. China es predecible, pero su incapacidad, durante décadas, para eliminar la dependencia de enormes superávits comerciales y por cuenta corriente, para equilibrar la demanda con el exceso de oferta interna, no es alentadora.

Lo que aprendimos es que la economía es más resiliente de lo que muchos temían. Esperemos que siga demostrando esa cualidad. Parece que la vamos a necesitar, en grandes cantidades.


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@The Financial Times Limited 2026. Todos los derechos reservados . La traducción de este texto es responsabilidad de Milenio Diario.

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