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¿Podrá Estados Unidos volver a construir barcos?

En un momento donde la guerra con drones destruye buques multimillonarios en segundos, aumentar el uso de tecnologías como la IA permitirá la producción de embarcaciones a un menor costo

Ojalá Donald Trump prestara más atención a los expertos. Eso fue lo que pensé después de leer el nuevo Plan de Acción Marítima (MAP, por su sigla en inglés) de la Casa Blanca, que se publicó a mediados de febrero con sorprendente poca fanfarria, pero que vale la pena analizar detenidamente a medida que se intensifica el conflicto en Medio Oriente. Si bien el presidente estadunidense parece enfocado en construir una “flota dorada” de buques de guerra hipercaros, al mismo tiempo que distancia a Estados Unidos de sus aliados de la OTAN y otros países, voces más sensatas en su propia administración recomiendan algo muy diferente: la deslocalización de las cadenas a países amigos o aliados para construir una flota más eficiente y robusta que pueda generar resiliencia militar y comercial en un momento en que el riesgo marítimo aumenta. Es una estrategia que cobra todo el sentido, ya que los drones y misiles baratos (como los que desplegó Irán en los últimos días) pueden destruir el armamento militar más caro.

Desde el inicio de su segunda presidencia, Trump convirtió la construcción naval y la revitalización de la base marítima en una prioridad clave de su política industrial y de seguridad. Y no se equivoca. En los últimos 20 años, China ha construido una enorme flota de buques militares y comerciales de doble uso que hace muy pequeña a la de UE. Esto representa una enorme ventaja estratégica cuando entre el 80 y 90 por ciento de las mercancías mundiales se transporta por mar. China ahora supera a Estados Unidos en construcción naval en una proporción de 200 a 1, de acuerdo con un reciente informe de Vanderbilt sobre el tema. Existe un (raro) acuerdo bipartidista en que restaurar parte de la capacidad en la zona es una prioridad de seguridad nacional.

Sin embargo, los mensajes contradictorios de Trump sobre el tema hacen que se corra el riesgo de desaprovechar la oportunidad de reconstruir de forma inteligente y sostenible. Empecemos por el tipo de construcción naval que se podría apoyar. El presidente propuso una flota de acorazados con un costo de 15 mil millones de dólares cada uno. Mientras, el MAP, elaborado por la Oficina de Administración y Presupuesto (lugar a donde se reubicó el grupo de trabajo de construcción naval de la Casa Blanca el año pasado), promueve el uso de “diseños de buques comerciales o gubernamentales existentes, maduros o modulares, que puedan adaptarse a las necesidades de las misiones de varias agencias con mínimas modificaciones”.

En otras palabras: buques de doble uso más económicos, más flexibles y mejores adaptados a la naturaleza cambiante de la guerra y el comercio modernos (90 por ciento de los suministros y equipos militares se transportan por flotas comerciales).

Los que entienden de construcción naval en la administración saben que la guerra con drones puede destruir buques multimillonarios en cuestión de segundos, y que el uso como arma de los cuellos de botella de la cadena de suministro requiere una mayor capacidad comercial y militar. Esto sugiere que la defensa y la capacidad comercial deben estar vinculadas más estrechamente. Aumentar el uso de tecnologías como la inteligencia artificial, la fabricación aditiva y los sistemas autónomos, en colaboración con aliados, permitirá construir buques a una “fracción del costo de producción en UE”, como señala el MAP.

Para ser justos, la administración ya estaba desarrollando algunas de estas ideas. En febrero, la Guardia Costera anunció un segundo contrato importante para construir buques guardacostas de seguridad para el Ártico con Davie Defense, la división estadunidense del grupo marítimo británico Inocea, que opera en Finlandia, Estados Unidos y Canadá. Este acuerdo forma parte del ICE Pact (Pacto ICE), que inició bajo el gobierno de Biden. UE también busca firmar un “acuerdo trilateral de construcción naval” con Corea del Sur y Grecia. En ambos casos, la idea es aprovechar una producción más barata y de mejor calidad en el extranjero.

Pero los términos de estos acuerdos difieren considerablemente. El objetivo del ICE Pact es forjar relaciones estratégicas con los aliados de la OTAN y adquirir habilidades que, en última instancia, ayudarán a aumentar la capacidad marítima en EU. Sin embargo, algunos expertos navales temen que los acuerdos con Corea y Grecia al final terminen replicando la misma subcontratación de suma cero que, en un principio, le costó a Estados Unidos su base industrial marítima. “¿Por qué una empresa coreana como Hanwha seguiría invirtiendo dinero en revitalizar el Astillero de Filadelfia cuando (su competidor) Hyundai podría verse recompensado por construir a menor precio en el extranjero?”, pregunta un antiguo oficial de la Marina con el que habló sobre el tema.

Los mensajes contradictorios, evidentes en todo, desde la política de Estados Unidos hacia China (que varían de dura a blanda según el día) hasta sus aranceles en constante cambio, son el enemigo de una estrategia industrial seria, que requiere un enfoque claro y consistente a largo plazo. También requiere una señal de demanda sólida para los productores, lo que significa centrarse en las exportaciones que serán compradas por países y empresas fuera de UE. La investigación del FMI muestra que esta es una de las lecciones clave de la exitosa política industrial de los tigres del este asiático: combinar una “acción estatal proactiva y continua” con un fuerte enfoque en la exportación y la “aplicación de la rendición de cuentas” por el apoyo estatal recibido.

Lamentablemente, las políticas industriales de Trump no comparten esos tres ingredientes para el éxito. Ni la rendición de cuentas ni la consistencia son el punto fuerte de este gobierno. Es interesante que el MAP recomienda que la UE “apoye los esfuerzos de los aliados europeos del Ártico para asegurar la región ártica europea, mientras que Estados Unidos asegura el Ártico norteamericano junto con Canadá”. Es difícil hacerlo en medio de las amenazas a Groenlandia, una guerra comercial con Canadá y un nuevo conflicto en Medio Oriente que casi nadie, con excepción de Trump, desea. Esperamos que los mejores ángeles de la administración prevalezcan.


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@The Financial Times Limited 2026. Todos los derechos reservados . La traducción de este texto es responsabilidad de Milenio Diario.

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