Norman Foster está sentado en el estudio de planta abierta de Foster + Partners, junto al Támesis, en Battersea. Mientras recuerda cómo trabajaban los arquitectos en otros tiempos, se inclina sobre su cuaderno y toma un lápiz. “Probablemente sea más fácil explicarlo con un dibujo”, dice, mientras esboza cómo los rollos de papel se desplegaban sobre los escritorios antes de la llegada de las computadoras personales.
Muchas cosas han cambiado desde que Foster fundó su despacho en 1967, junto con su difunta esposa, Wendy. Foster + Partners abrazó la era digital y hoy es una firma mundial con 2 mil 400 empleados, entre ellos mil 300 arquitectos. Sus proyectos van desde el rascacielos de JPMorgan en Park Avenue, Nueva York, hasta una nueva galería de arte en Shanghái.
“Todo comenzó en un pequeño departamento de una sola habitación en Hampstead”, recuerda Foster al hablar de Team 4, el despacho que cofundó en 1963 con el fallecido Richard Rogers y otros socios. Foster + Partners es el mayor despacho de arquitectura del Reino Unido y uno de los más prestigiosos del mundo, aunque menor que firmas internacionales como Gensler y Arcadis.
La firma se vio obligada a expandirse después de descubrir, a principios de la década de 1990, que dependía demasiado del mercado británico, golpeado por una recesión inmobiliaria. Tras comenzar a trabajar en el extranjero con la sede de HSBC en Hong Kong, para 2025 ya obtenía 93 por ciento de sus ingresos fuera del Reino Unido. Medio Oriente aportaba, por amplio margen, la mayor proporción.
Foster sigue siendo presidente ejecutivo y el espíritu rector de la firma. Tiene 91 años, conserva su energía y no piensa retirarse, aunque la sucesión es un tema central.
Está convencido de que el despacho perdurará cuando él ya no esté. “Por supuesto que habrá diferencias, pero desde hace mucho tiempo se ha planeado la sucesión. Hay una profundidad extraordinaria de talento. Es como una orquesta de cámara: no me necesita como director”.
Siete estudios en paralelo
Uno de sus legados será la manera poco convencional en que trabaja Foster + Partners. A diferencia de muchas firmas, opera mundialmente y desarrolla una variedad de proyectos sin dividirse por regiones ni especialidades. Su estructura está organizada en siete estudios que trabajan en paralelo; el séptimo se creó este año.
“Cualquiera puede hacer cualquier cosa, en cualquier lugar, siempre que no compita con los demás”, resume Foster. Los estudios se crearon en 2004 para preservar la creatividad de los equipos pequeños dentro de una organización de gran escala. También reflejan su personalidad. “Me volvería loco si tuviera que trabajar siempre en un solo lugar o dedicarme a torres, torres y más torres… eso es ritualista y burocrático”.
El modelo hace de Foster + Partners un lugar estimulante, pero también añade complejidad. Cada estudio tiene su propio equipo directivo y compite por nuevos proyectos, aunque algunos clientes —como el fallecido Steve Jobs, quien encargó la sede de Apple en California— acudían directamente a Foster. A veces, varios estudios terminan colaborando en un mismo proyecto.
Stuart Latham, socio director, explica que cualquier tensión interna sobre quién debe encargarse de un proyecto se resuelve mediante el diálogo, aunque reconoce que “existe el riesgo de que a veces nos estorbemos entre nosotros”.
Con el crecimiento, los estudios también han aumentado de tamaño y hoy reúnen entre 150 y 300 personas cada uno.
ÉL DICE...“Es como una orquesta de cámara
No me necesita como director”.
La instancia más cercana a una supervisión general es un consejo de diseño presidido por Foster e integrado por los responsables de cada estudio. Su función se centra en la arquitectura, no en la administración. Foster compara sus métodos con los jurados críticos de las escuelas de arquitectura. “Presentas tu trabajo, lo explicas y entonces los demás empiezan a lanzarte piedras”, dice Latham.
A Foster siempre le ha gustado desafiar las estructuras. Recuerda que, cuando estudiaba en Yale a principios de la década de 1960, insistió en que necesitaba ayuda para diseñar una torre. “Le dije: ‘No sé lo suficiente sobre edificios altos; necesito un ingeniero’”. Hoy Foster + Partners emplea a especialistas de múltiples disciplinas, entre ellos unos 370 ingenieros estructurales y ambientales.
Foster se mueve de un proyecto a otro y se involucra en distintos trabajos. Actualmente participa, entre otros, en la regeneración de un pueblo alpino y en el diseño de una torre para JPMorgan en Londres.
“El sistema de estudios y la manera de mantenerlo vivo son una curva de aprendizaje… como a la mayoría de los arquitectos, nunca me dieron capacitación de negocios. He aprendido hasta cierto punto mediante la prueba y el error”.
La firma, dice, prospera gracias al cuestionamiento interno. “La organización es jerárquica en términos de propiedad, pero en lo creativo funciona como una línea horizontal. Cualquiera puede llegar como becario y decir: ‘Creo que hay una idea mejor’”. Aun así, su predominio es evidente: Foster y su familia poseen 9 por ciento del capital, mientras que otro tercio se distribuye entre 240 socios.
Las etapas del despacho
Foster + Partners ha pasado por distintas etapas bajo la propiedad de fondos de capital privado. La firma británica 3i llegó a tener 40 por ciento de participación que los socios recompraron en 2014. Hennick & Co, una firma canadiense de inversión familiar, posee una participación mayoritaria desde 2021. “En esencia, es una familia… no ha cambiado la naturaleza del despacho”, dice Foster.
Su respaldo, sin embargo, ha permitido invertir en expansión, oficinas y tecnología. En el año fiscal terminado el 30 de abril de 2025, los ingresos alcanzaron 757 millones de dólares, frente a 489 mdd del año anterior. La firma también abrió oficinas en Seúl y Miami y ha trabajado en megaproyectos en Medio Oriente, entre ellos el Aeropuerto Internacional Rey Salmán, en Riad.
Foster ha aprovechado su relación con Hennick para impulsar sus planes. El inversionista lo respaldó cuando quiso crear un séptimo estudio, pese a la resistencia de algunos socios. Para él, la decisión ofrecía “más posibilidades de sucesión y más oportunidades”. Y anticipa que pronto habrá un octavo.
El crecimiento también ayuda a mantener joven a la firma, una de las obsesiones de Foster. “Le encanta ver una oficina llena de gente joven. Creo que sería feliz si fuera la única persona mayor de 40 años aquí”, comenta Latham.
Algunos socios veteranos se han jubilado y la edad promedio de los empleados es ahora de 34 años.
El fundador, mientras tanto, sigue en movimiento. Reside en Suiza, pero pasa una semana al mes en Londres y otra en Madrid, donde preside su fundación. También recorre el mundo para visitar oficinas y proyectos; en su último viaje estuvo en Hong Kong, Shenzhen, Beijing, Shanghái y Bakú.
Foster está “más activo que en muchísimo tiempo… está aquí y al resto de nosotros nos mantiene alerta”, dice Latham.
A medida que se acerca el aniversario 60 de su firma, no hay señales de que Norman Foster esté dispuesto a ceder el control.
GHD